Autor: EDUARDO OLIVARES
La IA generativa subirá el PIB de Chile, pero no cambiará su trayectoria de largo plazo
La IA generativa subirá el PIB de Chile, pero no cambiará su trayectoria de largo plazo ¿ Cuánto impactan las nuevas tecnologías de procesamiento de información en el crecimiento económico? En particular, el ascenso de la inteligencia artificial generativa la que se usa en ChatGPT, Copilot o Claude ha llevado a diversos economistas y organizaciones a trazar curvas de efecto sobre el Producto Interno Bruto que, en ciertos casos, muestran una gran ola sobre la productividad. ¿Será tan así? Un nuevo estudio sostiene que la inteligencia artificial generativa permitirá subir el “nivel del mar”, pero no provocará marejadas constantes sobre el PIB. O no sola. El exministro de Hacienda Felipe Larraín y la investigadora Carmen Cifuentes, ambos de Clapes UC, calculan un alza de entre 0,57% y 3% del nivel del PIB en diez años. Hay una diferencia con otras proyecciones las más optimistas más bien metodológica.
Estudios como el encargado por Google, que prevé un aporte anual equivalente a entre 10,9% y 20% del PIB para Chile, o el de Goldman Sachs, que proyecta un alza del 7% del PIB mundial, estiman el potencial agregado de la tecnología. Clapes UC busca traducir cuánto de ese potencial podría materializarse efectivamente en Chile, usando la estructura ocupacional del país y supuestos de adopción compatibles con una economía en desarrollo. Las diferencias Hay que ir por partes. Larraín y Cifuentes tomaron dos referencias para su análisis.
Una es el modelo de crecimiento de Robert Solow (Premio Nobel de Economía 1987), que calibra tres escenarios según la velocidad de adopción conservador, medio y alto con impactos de 0,75%, 1,5% y 3% del PIB, respectivamente.
La otra es el marco desarrollado por Daron Acemoglu (Nobel de Economía 2024), que arroja la estimación más restrictiva: 0,57%, porque asume que solo una fracción de las tareas técnicamente expuestas resulta rentable de automatizar en ese período.
“La estimación de Goldman Sachs corresponde a una proyección global basada en ganancias agregadas de productividad asociadas a la automatización de tareas, bajo un escenario de adopción amplia de la IA generativa”, dicen Larraín y Cifuentes.
“Nuestro estudio, en cambio, utiliza un enfoque aplicado específicamente a Chile, incorporando la estructura ocupacional del país y basándose en modelos académicos de dos Premios Nobel de Economía”.. O J E D R E V A S I L E greso medio, agregan, Chile necesita reformas que eleven sostenidamente la productividad: reducir la permisología para destrabar inversión, avanzar hacia un sistema tributario competitivo y estable, enfrentar las formas de delincuencia que afectan la inversión, y promover una reforma política que reduzca la polarización y facilite grandes acuerdos.
“La IA exige además una agenda fuerte de capital hucambia la trayectoria de crecimiento de largo plazo ni resuelve los problemas estructurales que mantienen a Chile atrapado en una dinámica de bajo crecimiento”, sostienen Larraín y Cifuentes.
Para salir de la trampa de inSalto de nivel, no de pendiente La GenAI “puede elevar el nivel del PIB, pero por sí sola no N El contexto global: IA como tecnología habilitante El debate sobre cuánto puede aportar la IA al crecimiento no es exclusivo de Chile. A nivel global, la conversación oscila entre el entusiasmo y la cautela. En Estados Unidos, la inversión asociada a inteligencia artificial ya comienza a aparecer en las cuentas macroeconómicas. Según un análisis de la Reserva Federal de St.
Louis, las categorías vinculadas a esta tecnología software, investigación y desarrollo, equipos de procesamiento de información y construcción de data centers aportaron 0,48 puntos porcentuales al crecimiento real del PIB estadounidense en el tercer trimestre de 2025, y explicaron 39% del crecimiento acumulado hasta ese trimestre.
Marcello Estevo, director del Institute of International Finance y profesor de Georgetown, escribió en marzo en Finance&Development la revista del FMI que la IA se parece más a la electricidad que a otras innovaciones recientes: es una tecnología habilitante que requiere inversión continua en redes, hardware y activos complementarios. Los beneficios en productividad dependen de cuán rápido las economías aprenden a medirla, financiarla y gobernarla. Si la adopción permanece concentrada en un grupo reducido de proveedores especializados, advierte Estevo, los retornos pueden alcanzar un techo rápidamente. La escala de la inversión ilustra la magnitud del fenómeno. El Foro Económico Mundial advierte que el desarrollo de cadenas de valor de IA resilientes y escalables requerirá una expansión masiva de infraestructura, energía, semiconductores, modelos y servicios asociados. A su vez, estimaciones de McKinsey promano. No basta con que la tecnología exista; se requiere que trabajadores, empresas e instituciones tengan las capacidades para adoptarla y usarla productivamente. En ese sentido, la IA puede ser un acelerador, pero no un sustituto de las reformas estructurales”. ¿Eso es todo? Hay más factores en juego. El yectan que los data centers podrían requerir US$ 6,7 billones en inversión de capital hacia 2030. Para economías emergentes, Estevo distingue entre “participación digital” el uso de herramientas importadas y “profundidad digital”: la capacidad de producir y exportar bienes y servicios digitales e integrarlos en cadenas de valor propias. Las economías con profundidad digital atraen inversión extranjera más estable vinculada a la producción de la era de IA. Las demás quedan como consumidoras de tecnología importada. Chile lidera en conectividad y energía limpia dos de los tres componentes del trinomio que los grandes flujos de capital global exigen para instalar infraestructura de IA.
La certeza jurídica en materia de datos, dice Cenia, “sigue en disputa”. Centro Nacional de Inteligencia Artificial (Cenia) estima los efectos económicos de habilitar la minería de textos y datos (TDM). Es la tecnología que permite analizar automáticamente grandes volúmenes de información para identificar patrones y extraer conocimiento, sin buscar sustituir las obras protegidas que pueden servir de insumo. En Chile, dice Rodrigo Durán, gerente de Cenia, “hoy día no es que esté prohibido, sino que no está normado”, lo que genera incertidumbre jurídica para empresas y centros de investigación. Por otra parte, el proyecto de ley de Reconstrucción incorpora un artículo que legaliza la no remuneración a los creadores de contenidos, lo que ha sido cuestionado por su vulneración a la propiedad intelectual. En primer trámite legislativo, ese artículo fue rechazado por la comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados. El estudio de Cenia proyecta que habilitar ese marco regulatorio podría elevar las ventas en sectores de mayor intensidad en datos por un monto equivalente a hasta 8% del PIB al quinto año. Durán explica la relación con el análisis macroeconómico: “Lo que hace el TDM es que habilita la existencia de inteligencia artificial, porque justamente facilita el acceso a datos. Uno podría pensar en que hay un efecto multiplicador de ambos escenarios”. El estudio de Cenia es, con todo, menos optimista que sus equivalentes del Reino Unido y Brasil.
Para Durán, eso responde a la estructura productiva chilena: “Son economías bastante más intensivas en uso de cómputo y por lo tanto hay más cancha para que este impacto sea mayor”. Chile tiene cadenas de valor más cortas y menos industria intensiva en capital avanzado, lo que reduce el espacio donde la TDM puede incidir. En su documento de trabajo, Clapes UC dice que incluso en el escenario más optimista, el impulso de la GenAI es insuficiente para cerrar la brecha de ingreso con los países desarrollados. Autor: EDUARDO OLIVARES. En ClapesUC plantean que la IA exige una agenda en capital humano, para que tanto trabajadores y empresas puedan usarla productivamente. Nuevo estudio acota el impacto total en la productividad de los chilenos: Felipe Larraín, director de Clapes UC. Felipe Larraín, director de Clapes UC.