Editorial: Una enorme deuda sanitaria
Editorial: Una enorme deuda sanitaria a Región de Antofagasta enfrenta desde hace años una crisis sanitaria silenciosa, persistente y profundamente injusta: el cáncer se ha convertido en una de sus principales causas de muerte, con tasas de L incidencia y mortalidad que superan largamente el promedio nacional. No se trata de una fatalidad ni de un fenómeno reciente. Es el resultado acumulado de decisiones históricas, de exposiciones ambientales prolongadas y de una insuficiente respuesta del Estado frente a una realidad conocida y documentada. Las cifras son elocuentes.
Antofagasta presenta un riesgo significativamente mayor de padecer cáncer, particularmente de pulmón y vejiga, patologías que especialistas asocian directamente a la exposición al arsénico y otros metales pesados durante décadas, especialmente antes de los años 70. A ello se suma un dato aún más alarmante: cerca del 80% de los casos se diagnostican en etapas incurables, muy por sobre el 40% o 50% que registran países desarrollados. Esto no solo habla de enfermedad, sino de inequidad en el acceso oportuno a diagnóstico, tratamiento y seguimiento. Como si la carga epidemiológica no fuera suficiente, la región enfrenta una escasez crítica de especialistas en oncología.
Chile ya arrastra un déficit estructural de oncólogos -con apenas la mitad de los profesionales que requiere-, pero la situación en Antofagasta es aún más grave debido a la fuerte concentración de estos especialistas en la Región Metropolitana. Por eso, los programas de formación impulsados por el Cecan, con financiamiento del Gore, representan una señal alentadora en medio de un escenario crítico. Antofagasta no puede seguir pagando, con la vida y la salud de sus habitantes, los costos de un desarrollo que ignoró durante años sus consecuencias. La formación de especialistas es un paso en la dirección correcta, pero la deuda es mucho mayor. El problema está diagnosticado; lo que ha faltado, durante demasiado tiempo, ha sido una respuesta proporcional.. La crisis del cáncer exige prevención ambiental, vigilancia epidemiológica, diagnóstico precoz, infraestructura adecuada y una estrategia nacional. E Editorial El problema está diagnosticado; lo que ha faltado, durante demasiado tiempo, ha sido una respuesta proporcional.