Autor: Marcelo Somarriva Q.
Columnas de Opinión: Patadas contra el fascismo
Columnas de Opinión: Patadas contra el fascismo L o que pasó en la Universidad Austral con la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, es en parte consecuencia de la manía con la que mucha gente ha estado proclamando que en Chile nos gobierna la ultraderecha, que no significa otra cosa que fascismo puro y duro.
Se trata de un simulacro político impulsado por la nostalgia terminal que padece la izquierda, que en su desesperación busca reanimar su propio cadáver llamando a que otros den las luchas de otro tiempo, y otros lugares, con todas las armas que encuentren.
La violencia fue la respuesta que, por ejemplo, adoptó el movimiento antifa en Estados Unidos cuando decidió renunciar a las luchas democráticas tradicionales para enfrentar a palos a los neofascistas que los atacaban de igual forma. Eso en lenguaje anarquista se llama la acción directa, el recurso de la destrucción y la violencia cuando tu rival no te ofrece más que eso. Mucho tiempo, un impulso similar llevó a miles de jóvenes de todo el mundo a peregrinar a España, a comienzos de la década de 1930, a defender la República del avance del fascismo.
Fue la causa romántica y cosmopolita que llevó a Eric Blair, el futuro George Orwell, y a muchos otros de su generación, a enrolarse en las brigadas internacionales y sumarse a una guerra ajena de la que entendían poco y nada, salvo que había que hacer cualquier cosa para detener la marcha fascista. El mismo Orwell describe ese momento en su clásico libro de memorias, Homenaje a Catalonia.
El llamado a las armas fue la última instancia, cuando sus conviccionesmás o menos digeridas de un socialismo humanista parecían del todo ineficaces para enfrentar a esta nueva ideología beligerante y destructiva que se cernía sobre el mundo. Así fue como él y tantos otros tomaran las armas, aunque apenas supieran usarlas.
Durante esos años mucha gente joven de todo el mundo se sumó al comunismo para detener al fascismo y muchos también terminaran desencantados y derrotados luego de constar que el remedio era tan malo como la enfermedad. Aquí en Chile, la violencia estudiantil de carácter político ha encontrado legitimación mediante este espejismo que distorsiona la realidad transformando a sus rivales en opresores terribles. No se trata solo de oponerse a un alza de los pasajes del metro o a un recorte del presupuesto, sino de un combate frontal contra personas que encarnan la amenaza feroz del fascismo. Quienes corrían detrás de la ministra para patearla o insultarla no estaban persiguiendo a quien anunciaba el fin de las becas para posgrados en el extranjero, sino a la representante de un gobierno terrorífico.
Creo que esto no es un mero error de perspectiva ni de dimensiones, sino el resultado de un discurso tóxico difundido, con cálculo y esmero, por políticos que ofrecen una épica postiza a los impulsos vacíos de otros, porque en la lucha contra el fascismo todo está permitido. "Esto no es un mero error de perspectiva sino el resultado de un discurso tóxico difundido con cálculo y esmero". Autor: Marcelo Somarriva Q.. "Esto no es un mero error de perspectiva sino el resultado de un discurso tóxico difundido con cálculo y esmero".