EL VIEJO, la guerra y el mar
EL VIEJO, la guerra y el mar No imaginamos, al planear este viaje a la casa de Ernest Hemingway (1899-1961) en Key West, que llegaríamos a un país en guerra. Todo ocurrió muy rápido y aunque sabemos que era previsible, cuesta asimilar un conflicto de esta envergadura.
Paradójicamente, es en un contexto bélico cuando la obra literaria y periodística de este autor cobra su pleno valor, porque si hay alguien que plasmó los horrores y sinsentidos de la guerra, la desilusión ante su “generación perdida”, es él. La conoció de primera mano, porque fue conductor de ambulancia durante la Primera Guerra Mundial, donde resultó herido, y trasladó esta experiencia a su novela Adiós a las armas. La terminó de escribir al llegar en 1928 a Key West. Venía de paso, se instaló durante más de una década, y levantó aquí una de las residencias más estables de su vida. Primeras ediciones, máquinas de escribir portátiles, objetos personales, recuerdos de viajes y fotografías se aprecian en la casa museo. Esta bella vivienda blanca de dos pisos, ventanas y puertas en forma de arcos, con amplios balcones y persianas verdes y amarillas, se encuentra en el 907 de la calle Whitehead. Es una mañana de comienzos de marzo y caminamos unas diez cuadras hasta aquí desde el muelle, ya que de todas las alternativas barajadas escogimos venir en barco desde Fort Lauderdale. Navegamos toda la noche y nos levantamos con los primeros rayos de sol ante esta isla, la última de una sucesión de cayos, que tiene un poco más de 10 kilómetros cuadrados. Desembarcamos rápido porque queríamos evitar el calor y el tumulto de visitantes que día a día peregrinan hasta este inédito santuario literario y felino, escondido tras una vegetación tropical exuberante. Lo primero que sorprende es que frente a la casa hay un faro.
Cuando el escritor llegó a Key West, el puerto estaba allí hoy es pleno centro histórico, y en broma decían sus amigos que el faro le serviría para encontrar el camino de regreso a casa desde el bar. Era mucho más pequeña entonces esta ciudad, la más austral de Estados Unidos, que lleva el nombre de la isla donde se levanta. Se encuentra a unos 150 kilómetros al norte de Cuba, país que ejerció un gran influjo en Key West, como en Hemingway, y su mística impacta hasta nuestros días en Florida.
Es lo que pudimos apreciar, justo antes de partir, en la fabulosa exposición de los hermanos Elliot y Erick Jiménez en el PAMM (Pérez Art Museum Miami), sobre las prácticas espirituales lucumí, una religión afrocaribeña que integra elementos yorubas, católicos y espiritistas. El Pilar Al internarse hacia el sur del estrecho de Florida, el continente se desgrana en un conjunto de cayos, o islas bajas y arrecifes, cargados de leyendas y una naturaleza prístina.
Esto, sumado al ambiente bohemio y finis terrae de Key West, atrajo a varios artistas e intelectuales, entre ellos Tennessee Williams, que también tiene casa museo aquí, pero sin duda Hemingway fue quien dejó su marca. Incluso escribió obras ambientadas en Key West y su gente, como la novela Tener y no tener, y varios cuentos. El bar al que iba aún existe, y es el mismo Sloppy Joes creado por uno de sus grandes compañeros de aventuras, Joe Russell.
El original estaba en La Habana, y Hemingway convenció a Russell de poner a su bar el nombre del local cubano, que cerró y reabrió, mientras este Sloppy Joes sigue, sin parar, de fiesta en la calle principal de Key West, Duval Street.
Joe Russell era uno de los que salían con Hemingway en el Pilar, el legendario barco que el escritor compró en Nueva York (con el anticipo que le dio su editor por unos relatos cortos) y le entregaron en Miami en 1931. El nombre es el de la heroína de Por quién doblan las campanas, obra que transcurre bajo la guerra civil española, donde el autor estuvo como corresponsal. Allí plantea una idea crucial: en realidad cada caído en combate por el cual doblan las campanas somos todos, pues cada muerte se lleva un pedazo de uno. Pilar era también el sobrenombre que él daba a Pauline Pfeiffer, su segunda mujer y personaje central en esta historia, porque en realidad ella adquirió la casa de Key West. Más bien, ella hizo que su millonario y generoso tío Gus se las comprara como regalo de matrimonio, en 1931, tres años después de que ellos llegaran aquí casi por casualidad. Debían retirar en la ciudad un Ford descapotable que el mismo tío Gus les había regalado, pero la entrega demoró bastante, y en el intertanto lo pasaron tan bien que decidieron quedarse. Buscando una residencia definitiva dieron con la del 907 de Whitehead, que databa de 1851 y estaba abandonada.
La remodelaron con mucho gusto y la alhajaron con fino mobiliario, también financiado por el tío, y con los años fueron incorporando muchos objetos marinos de Hemingway, y trofeos de caza de sus safaris africanos, que hoy también integran la museografía de la casa. Además, encima de la cochera acomodaron un vasto espacio como escritorio para el ya famoso autor estadounidense, con sus libros, sus sofás, su mesa y máquinas de escribir.
Scott Edwards, uno de los guías de la casa museo, cuenta que construyeron una especie de puente entre la casa y el escritorio, para que Hemingway llegara allí más rápido y no se le extraviaran las ideas en el camino, pues le aterraba perder la inspiración. Mas un huracán botó esa pasarela en 1948 y no la rehicieron. Este escritorio es el único lugar al que no se puede acceder, solo se puede ver detrás de unas rejas. Tal vez para no dispersar las ideas que quedaron allí flotando Los que entran y salen por donde quieren son los famosos gatos de esta casa. Serían los descendientes de Blanca Nieves, regalo de un capitán de navío para Hemingway, y ella aparece en una foto con los hijos del escritor, Gregory y Patrick (él LOCAL. Aún existe el bar donde iba Hemingway, de su gran amigo Joe Russell. VECINO. A pasos de la casa se llega a esta playa.
Cuba está cerca de allí. acaba de fallecer, con casi cien años). La principal característica de estos gatos es que tienen un dedo adicional en las patas, y llevan nombres de personajes famosos, una tradición que se conserva. El primero que conocimos fue Oscar Wilde, un colorín atigrado que retozaba en los sillones del salón principal; luego muchos otros vinieron a husmearnos. En este salón hay también un gran retrato de Hemingway con Gregorio Fuentes, cubano-canario que fue capitán del Pilar durante más de dos décadas. Él dirigía las travesías del escritor y sus amigos, que podían durar varios días e incluso semanas, para ir a pescar atunes y marlines de impresionante tamaño, como se aprecia en otras fotografías aquí expuestas. Peces y esposas Gregorio Fuentes fue el principal inspirador del personaje de El viejo y el mar, la obra que catapultó a Hemingway al Premio Nobel en 1954.
La historia de Santiago, un viejo pescador cubano que durante días y noches persigue a un colosal pez, como si la vida se le fuera en ello, y como trofeo obtiene apenas la carcasa de su presa, conmueve. Porque narra la batalla por la sobrevivencia del pez y del viejo, que ambos pierden: “¿ Tiene un plan o está tan desesperado como yo?”, pregunta él en medio de su inútil martirio. Esta breve novela se empezó a gestar aquí, pero salió a la luz un poco más tarde, en Cuba. El escritor había conocido en 1936 en Sloppy Joes a la periodista Martha Gellhorn, y ambos habían cubierto la guerra civil española. Tras esta, Hemingway se fue a Cuba en el Pilar y en 1940 se casó con Martha, que se radicó con él allá. Pero fue reemplazada en 1945 por Mary Welsh, la última esposa, en Londres, durante la Segunda Guerra Mundial, donde él también fue corresponsal.
Con Pauline se habían enamorado en París, cuando él estaba casado con su primera mujer, Hadley Richardson (con ella tuvo a Jack, el padre de las actrices Margaux y Muriel). Hay fotos de todas sus esposas en la casa, y también de la bella enfermera polaca que fue su primer amor, Agnes von Kurowsky. Ella, que era bastante mayor que él, lo rechazaría por eso, y Hemingway la inmortalizó en Adiós a las armas. Pauline se quedó viviendo con sus dos hijos en la casa de Key West hasta su prematura muerte, en 1951, a la edad de 56 años.
Hemingway y sus hijos heredaron esta casa, y el escritor siguió visitando Key West hasta su propia trágica muerte, en 1961, debilitado por una serie de accidentes y episodios depresivos, poco antes de cumplir 62 años.
Ante el florecimiento turístico de la isla y la presión inmobiliaria, unos inversionistas propusieron construir un condominio en la propiedad, pero una amiga de la pareja, Bernice Dixon, y luego su sobrina se encargaron de protegerla y convertirla en lo que es hoy, un museo erigido en homenaje a uno de los más emblemáticos y controvertidos escritores estadounidenses del siglo XX. Apabullados por tanta información, tragedias y pasiones, nos quedamos un buen rato en los jardines de la casa. Aquí hay una gran piscina (la primera de la isla) que fue objeto de una ventilada pelea entre el escritor y Pauline, ya que costó cara y allí él antes tenía un ring de boxeo.
Había que irse, y caminamos hasta el final de la calle, donde en una playa de arena muy blanca se levanta un monolito que indica que es el punto más meridional de Estados Unidos, y que apenas “90 millas” lo separan de Cuba. La fila para tomarse fotos delante de este es larga, como la para ingresar ahora a la casa de Hemingway. Seguimos caminando hasta la calle paralela, Duval Street, y la empezamos a recorrer sin prisa en dirección al puerto. Alegres casas de una arquitectura con reminiscencias victorianas, caribeñas y españolas nos acompañaron en todo el recorrido, y sin querer llegamos al famoso bar de Hemingway. Entramos. El grupo musical en vivo acababa de dejar de tocar y, así y todo, había mucho ruido. El Sloppy Joes es tan concurrido, grande y animado que a su lado podría caer un misil y su audiencia no se enteraría. Ya empezaba a declinar la tarde, y.. . o tomaba fotos o un daiquiri, cóctel favorito de quien hoy nos convoca. Escogí lo primero, pero igual me regalaron un posavasos donde se lee “Sloppy Joes. A Key West Tradition. Still the best party in town”. Lo usé de marcapáginas para El extraño país, una novela corta suya, póstuma y menos conocida, que terminé de leer en cubierta.
A pesar de que el título no alude a su patria, sino a algo más profundo, dejó en el aire el sabor de esa nación que ya quedaba atrás, el país de Hemingway, que se desdibujaba entre el cielo y el rastro de la marcha del barco en el mar. D OJO CON... Si bien Key West está conectada a Florida por una carretera (Overseas Highway, que atraviesa 42 puentes), es de tránsito lento. Además, alojar en la isla es caro y complejo. En cambio, desde Miami o Fort Lauderdale zarpan numerosos cruceros hacia los cayos.
Nosotros nos embarcamos en el Celebrity Silhouette, y luego de pasar un día inolvidable en el cayo, seguimos navegando toda la semana por la región turquesa de Hemingway, hasta las islas Caimán y México.. Ernest Hemingway escribió varias novelas y cuentos en su famosa casa de Key West, sur de Florida, la que tras su muerte fue convertida en un museo dedicado a su vida y obra. Admiradores del mundo entero vienen a diario a recorrerla. TEXTO Y FOTOS: Marilú Ortiz de Rozas, DESDE ESTADOS UNIDOS. FLORECIENTE. La isla de Key West atrae a miles de viajeros en Florida. RECONOCIMIENTO. La casa de Hemingway en Key West fue nombrada Hito Histórico Nacional en 1968. INFLUJO. Key West-Habana se lee en el frontis de este negocio. Cuba está muy presente aquí. Al lado, cuatro veces se casó el escritor. En esta casa vivió con Pauline Pfeiffer. ESTILO. Duval Street es la calle principal de Key West, de alegre arquitectura. Al lado, Key West es el último cayo de Florida y el punto más meridional de Estados Unidos. ESTILO. Duval Street es la calle principal de Key West, de alegre arquitectura. Al lado, Key West es el último cayo de Florida y el punto más meridional de Estados Unidos. FLORECIENTE. La isla de Key West atrae a miles de viajeros en Florida. INFLUJO. Key West-Habana se lee en el frontis de este negocio. Cuba está muy presente aquí. Al lado, cuatro veces se casó el escritor. En esta casa vivió con Pauline Pfeiffer. ESTUDIO. Aquí es donde en las mañanas Hemingway se encerraba a escribir. ESTILO. Duval Street es la calle principal de Key West, de alegre arquitectura. Al lado, Key West es el último cayo de Florida y el punto más meridional de Estados Unidos.