Columnas de Opinión: Llegaron los bárbaros
Columnas de Opinión: Llegaron los bárbaros mediados de los 80, A una tarde otoñal antofagastina me adentré en Galaxia, negocio en calle Baquedano llegando a Matta, para tomar un curso de BASIC, cuando la computación asomaba la nariz en Chile con Atari, Commodore y Spectrum que conectábamos a televisores y se utilizaba cassettes para guardar los programas. Desconocía que me estaba colando en el futuro. El interés había nacido tras leer el best seller "La Tercera Ola", publicado en 1979 por Alvin Toffler, sociólogo que exploraba el impacto del computador y la personalidad del mañana.
Si la Primera Ola había sido desencadenada por la revolución agrícola unos 8000 años A.C., con el paso de la caza y recolección nómada al sedentarismo, la Segunda corresponde a la industrialización, mediados del siglo XVII, con el maquinismo que reemplazó al músculo. Según Toffler la Tercera etapa anunciaba la relevancia primordial de la data. Por esos días, como muchos, pensaba que el avance era beneficioso. Evidencia histórica, optimismo tecnológico y urgencia social por mejorar la calidad de vida redondeaban las ansias que, con frialdad cirujana, historiadores avezados descuartizaban llamándolo utopismo tecnológico o ideología del progreso.
Hoy, tras cuatro décadas, hemos aterrizado en la agnotología, que estudia un fenómeno sorprendente: la invasión de la ignorancia y como ésta ya no es un simple vacío inicial del ser humano (nesciencia) o falta de antecedentes, sino un sistema generado y utilizado Linterna de Papel Humberto Araya, docente y escritor. como herramienta de poder y gestión social. El filósofo esloveno Slavoj iek sostiene que la ignorancia actual no es ausencia de datos, sino rechazo activo a adquirirlos. Se disfruta de una falsa conciencia: evitar conocimiento con el cual se demuestre que los preconceptos son erróneos.
Para Peter Burke, historiador cultural, la sociedad genera formas de ignorancia global a través de las fake news y la desinformación sobre calentamiento global, ecología, el negocio armamentista, vacunas, tabaco, políticos o las elecciones mediante trols. Antoni Brey, Innnerarity y Mayos plantean que la ignorancia es la cara oscura de la sociedad del conocimiento, que la hiperconexión incrementa la incertidumbre social y valida la desinformación organizada.
En "Agnotología: Sociología de la ignorancia", Agustín Galán Machío centra su interés en la "producción social de la ignorancia". Sostiene y propone que hay un productor, un detector del fenómeno y un ignorante, sobre quien se construye algo prefabricado. En él, políticos e industrias crean dudas deliberadas para proteger intereses globales. Pero, además, el ignorante entrenado por las redes también es soberbio. El exceso de confianza le impide reconocer sus falencias. Niega o reafirma con ligereza lo que otros por décadas han estudiado. Atrás quedó la "docta ignorantia" socrática del "solo sé que nada sé" y al optimismo de Toffler le creció un cáncer que cuestiona la sanidad de la Tercera Ola..