Autor: Andro Mimica Guerrero seremi de Gobierno
Columnas de Opinión: Magallanes y la dignidad de las pensiones
Columnas de Opinión: Magallanes y la dignidad de las pensiones E n regiones extremas como Magallanes, las políticas públicas no son una abstracción: se sienten en el bolsillo, en la calefacción de invierno, en el costo del supermercado y en la tranquilidad de llegar a fin de mes. Por eso, la reforma de pensiones impulsada por el gobierno del presidente Gabriel Boric adquiere aquí un significado especial. No se trata solo de cifras nacionales, sino de dignidad concreta para miles de personas mayores que viven en uno de los territorios más caros del país. Durante años, hablar de jubilación en Magallanes ha significado incertidumbre. Pensiones bajas, trayectorias laborales interrumpidas y una brecha particularmente dura para las mujeres. La reforma empieza a corregir esa realidad.
Hoy, miles de jubilados reciben más de $100.000 mensuales adicionales gracias al nuevo Seguro Social, y la PGU de $250.000 -que comenzó a pagarse en 2025marca un piso que cambia la vida cotidiana de muchas familias. En una región donde el invierno es largo y el costo de la vida es estructuralmente alto, ese aumento no es simbólico: es calefacción, es medicamentos, es independencia. Es la posibilidad de que una persona mayor no dependa completamente de sus hijos o de su entorno para sostener su vida diaria. Magallanes, además, tiene características laborales particulares. La estacionalidad, el trabajo en servicios, el turismo, la pesca y sectores productivos con ciclos variables generan lagunas previsionales frecuentes. La extensión del Seguro de Lagunas Previsionales es, por tanto, especialmente relevante para el territorio. No es una medida técnica: es una respuesta directa a la realidad laboral regional. Otro elemento clave es el impacto en las mujeres. En Magallanes muchas trayectorias laborales femeninas estuvieron marcadas por cuidados, informalidad o interrupciones. Que más de 412 mil mujeres a nivel país reciban beneficios que reconocen su ahorro y compensan brechas es una señal de justicia que también se expresa en nuestra región. Pero quizás el cambio más importante es cultural y estructural. La reforma instala la idea de que las pensiones no son solo responsabilidad individual, sino también un compromiso colectivo. La cotización del empleador que comenzó en 2025 y seguirá aumentando refleja ese giro: el trabajo genera derechos y el sistema debe responder. Para Magallanes, esto tiene una dimensión estratégica. Una región que envejece -como gran parte del paísnecesita certezas. Necesita que quienes construyeron el territorio puedan permanecer en él con dignidad. Pensiones mejores no solo reducen pobreza en la vejez: fortalecen la cohesión social, dinamizan economías locales y permiten que las familias proyecten su futuro sin miedo. Por supuesto, ninguna reforma resuelve todo de inmediato. Los efectos completos se verán en los próximos años: el aumento progresivo de la PGU, la consolidación del Seguro Social, los Fondos Generacionales y la baja de comisiones. Pero lo relevante es que el país cambió de dirección. En Magallanes sabemos que los cambios estructurales requieren persistencia. Vivir en el extremo enseña que el progreso es acumulativo: se construye paso a paso, con acuerdos y con visión de largo plazo. La reforma de pensiones representa justamente eso. No es un punto final, es un punto de partida. Un avance que reconoce el esfuerzo de quienes trabajaron toda su vida y que reafirma una convicción fundamental: la dignidad en la vejez no puede depender del azar. En una región donde el frío es intenso, la tranquilidad vale aún más. Y mejores pensiones son, precisamente, tranquilidad para miles de familias magallánicos. Autor: Andro Mimica Guerrero seremi de Gobierno.