Autor: Por Juan Paulo Iglesias
Elevando la discusión:
Elevando la discusión: Hay cosas, dicen, que se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo terminan. Y la guerra en Irán parece ser una de ellas.
Ya suma tensiones entre los aliados, porque la OTAN se apresuró a decir que "no es mi guerra", cuando Trump les pidió ayuda para el estrecho de Ormuz, y deserciones, como la de Joseph Kent, el exjefe del centro de antiterrorismo de EE.UU., que se fue dando un portazo y acusando al presidente de emprender una guerra sin razón. Kent no es un pacifista ni un heredero de los hippies de los 70, como recordaba Político. com, sino un fiel ejemplo del mundo MAGA, ese que aupó a Trump. Y no es el primero que se va. Pero los tiempos de guerra producen eso, deserciones, además de mucha confusión que, en este caso, nadie sabe cómo se ordenará.
Pero a la espera de que las incógnitas mundiales se aclaren -si alguna vez lo hacen-, por acá la premisa sí parece ser el orden -uno que va acompañado de una medida tras otra, parafraseando el título de la película Paul Thomas Anderson ganadora del Óscar.
Pero dicho eso, en un mundo donde, según Josefina Araos, "se ha vuelto casi un lugar común concluir que vivimos tiempos inciertos", donde existe el riesgo de resignarse a pensar que "si las cosas son tan complicadas no hay nada que hacer", uno podría pensar, dice, que la referencia del presidente a Portales apunta justamente a todo lo contrario. Orden y patria. Responsabilidad de quienes están a cargo.
El tema, apunta, es que hoy el carácter no basta, se requiere también "una aguda lectura de los tiempos que vivimos". Y ahí, en la aguda lectura de los tiempos actuales, surgen las dudas, según Ascanio Cavallo. "Declararse portaliano hoy", escribe, "es una cosa bastante ambigua". Le servirá por un tiempo al gobierno, dice, para subrayar el desorden heredado de su antecesor. .. , pero no para siempre.
Kast "está en el poder", apunta, "porque sus adversarios, en la izquierda y en la derecha, interpretaron mal el Chile de los últimos 10 años y mistificaron el espasmo violento del 2019". Pero, a partir de ahora, agrega, "esa interpretación debe aterrizar en el país real". Y ello pasa, según Cavallo, porque los compromisos se encarnen en la realidad.
Ir más allá de los símbolos y dejar atrás "el entusiasmo, la distracción y el provincianismo". Pero si de símbolos se trata, "el cambio de mando", dice Max Colodro, estuvo lleno de significaciones, desde la vestimenta al énfasis en el orden y la autoridad". Pero no sólo eso da para pensar, apunta, sino también "el hecho de que en apenas cuatro años -voto obligatorio de por mediolos chilenos se movieron sin matices entre las antípodas". "¿Somos un país con trastorno de personalidad?", se pregunta, o "¿ sólo indecisos, inseguros e inconsistentes?". Cualquiera sea la respuesta, el hecho es que "cuando las opiniones, las agendas y las supuestas convicciones cambian de esta manera no se puede tener garantía de nada". Y los responsables de ese drama, a fin de cuentas, apunta Colodro, no son los elegidos, sino los electores, "esos que día a día miramos al espejo". 2 El destino de la oposición Y como no hay gobierno sin oposición -al menos en cualquier democracia que se precie-, la duda que ronda por estos días es cómo será la contracara de La Moneda. Hay que reconocer que el track record de algunos no es el mejor.
Quizá, como apunta Alfredo Jocelyn-Holt, el problema es que más que indecisos, inseguros o inconsistentes somos parte de una sociedad "rústica y dura de mollera", que "se contenta con lo que venga y resulte". Conformistas, como el título de esa novela extraordinaria de Moravia, que Bertolucci llevó al cine. Pasamos de error en error. Es "un sinfín patético". Y ahora, agrega, nos iremos turnando, como cuando Bachelet y Piñera lograron sus 16 años compartidos, traspasando la piocha, que se aviene con cualquiera, con o sin corbata. Pero sea así o no, si de oposición hablamos, para Paula Escobar el escenario no es el más promisorio.
Luego del cambio de mando, escribe, "el que fuera oficialismo debutó como oposición" y "comenzaron a verse atisbos de qué tipo de oposición será y cuántas oposiciones será". Y lo que se vio, agrega, "fue malo". Lo que pasó en la elección de la mesa de la Cámara, dice, fue un papelón gigante.
No por un error de cálculo, sino por algo más de fondo. "Que la fórmula para quitarle la mesa al nuevo gobierno", apunta, "haya sido entregársela a (. .. ) la diputada Pamela Jiles (. .. ) es dar una señal errada de qué es lo que aglutina al progresismo". Y si eso no bastara, dice Escobar, "el problema no es solo de unidad y propuesta, sino que tampoco hay claridad en el tono". Y como siempre hay algo de yin y yan en la política, para Óscar Guillermo Garretón "el destino futuro de la democracia chilena depende, más que antes, de la capacidad de la derecha para ser exitosa en lo que la sociedad quiere (. .. ) y de la valentía de la izquierda para renovar su identidad con contenidos solventes". Deben ser capaces, ambas, "de demostrarle a una sociedad con razón desconfiada de la política que son capaces de construir mayorías reconciliadas con su democracia, porque esta las oye y sirve". "Quienes nunca cambian de opinión", decía Churchill, “nunca cambian nada". Y la cita vale para estos tiempos. Como apunta Garretón, "la gobernabilidad compartida es la única que enfila a derecha e izquierda hacia el futuro y no hacia el abismo". Más vale cambiar, insistiría Churchill. Y en eso hay algo de ese aguijón de la coherencia del que escribe María José Naudon. Y si bien ella apunta al nuevo gobierno, vale también para la oposición.
Pero en el caso del gobierno, si bien es cierto, apunta Naudon, que "todo proyecto político nace con una NEWSLETTER DE OPINIÓN Suscríbase al newsletter de Opinión, Elevando la discusión, los debates que marcaron la semana, para conocer los temas que fijaron agenda y las columnas de la semana. latercera. com naturaleza" y "esa identidad es muchas veces su principal activo", el problema surge cuando "esa naturaleza que alguna vez abrió caminos comienza a cerrarlos". La política, escribe, no sólo exige convicción, sino también ampliar apoyos.
Y el riesgo es que las actuales autoridades caigan "en la ilusión de la certeza moral, olvidando que el respaldo electoral es, per se, provisional". Nada es permanente. 3 El mundo y su desorden Sea cual sea el camino que se emprenda, lo cierto es que en el mundo actual todo depende. Si de certezas se trata, van quedando pocas. Gobernar es administrar los problemas cotidianos y problemas no faltan. Como apuntaba Garretón, los tiempos son desafiantes.
Y lo peor, según Jaime Abedrapo, es que mientras se acaba el viejo orden "observamos desorientación en la conducción de la política exterior". "La tentación", dice, "de concebir a la política exterior únicamente como un instrumento de vinculación ideológica o un vehículo para atraer inversiones" plantea riesgos y "podría acabar privándola de su contribución a la estabilidad regional y mundial". Y en este mundo algo convulso, para Ian Bremmer, fundador de Eurasia Group, la pregunta es si efectivamente, como decía el primer ministro canadiense Mark Carney, convertido en la vedette de verano por su discurso en Davos, llegó el momento de las potencias medias. Y la respuesta no es sencilla, porque "un grupo tan diverso difícilmente puede tener intereses comunes" en cuestiones como la economía, la tecnología o la seguridad. Pese a eso, agrega, "tienen claro que las oportunidades para defender sus intereses frente al dominio de EE.UU. y China no estarán disponibles para siempre". Si no actúan ahora, después será más difícil. Por eso, la gran pregunta, aún sin respuesta, dice, es si al final lo harán.
No deja de ser simbólico que en este mundo, donde parece estar primando cada vez más la sinrazón, muriera la semana pasada el "último gran racionalista", como tituló la revista Foreign Policy el obituario de Jürgen Habermas.
El filósofo y "uno de los arquitectos de la democracia moderna", como escribe Alejandra Sepúlveda, ofrece lecciones para el mundo actual. "Su legado", dice, "es la idea exigente de una razón pública, donde la confianza se construye en la interacción entre decisiones institucionales y su justificación a través de procesos deliberativos". Por eso, la pregunta es si su partida no es más que otra señal del "declive" de esa lógica "en nuestras democracias" contemporáneas o todavía queda algo que hacer. Una reflexión a tener en cuenta en estos tiempos cambiantes. Los nuevos símbolos Autor: Por Juan Paulo Iglesias. Los debates que marcaron la semana Los nuevos símbolos