Autor: Daniel Rozas
"Las universidades siguen preparando alumnos para un mundo que ya cambió"
"Las universidades siguen preparando alumnos para un mundo que ya cambió" iels Rivas hizo un recorrido inusual en el mundo académico chileno. Es ingeniero comercial y licenciado en Letras de la UniN versidad Católica. Después hizo un magíster en Humanidades y un doctorado en Literatura.
Hoy es decano de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez y observa la discusión sobre cuánto sentido tiene seguir formando profesionales en carreras largas cuando la inteligencia artificial (IA) está cambiando a gran velocidad el mundo laboral. Rivas piensa que el problema no se resuelve simplemente acortando carreras. A su juicio, el sistema universitario todavía no logra adaptarse a un escenario marcado por la automatización, la flexibilidad y la obsolescencia de muchos conocimientos profesionales. La conversación ocurre mientras el Gobierno José Antonio Kast ha impulsado la idea de modernizar las carreras universitarias según criterios de productividad, mientras, paralelamente, crece la presión por reducir los años de estudio. Rivas mira ese proceso con cautela; cree que detrás de esa iniciativa existe el riesgo de reducir el conocimiento a un criterio utilitario y de olvidar que la universidad también cumple una función intelectual. En esa línea defiende la formación humanista como una herramienta para enfrentar la incertidumbre que abrió la IA y recurre al mito de Prometeo para explicar por qué los clásicos siguen dialogando con el presente.
Indica que el desafío de las universidades no pasa solo por transmitir conocimientos, sino por formar personas capaces de pensar críticamente en un mundo saturado de información y escaso de contexto. "El sistema universitario quedó anclado en el siglo XX" -La IA es una oportunidad pero sabemos que toda revolución tecnológica deja gente afuera. ¿ Estamos entrando a una nueva forma de desigualdad? -Las desigualdades son estructurales y no atribuibles a un solo factor.
Ahora, sin duda la IA puede acentuarlas, porque exige ciertas habilidades que no están distribuidas de manera equitativa, como la capacidad de identificar información relevante, de evaluar críticamente la cantidad de información disponible y de trabajar con el lenguaje.
Y esas capacidades tienen que ver con haber tenido una buena educación y una buena formación. -Hoy se puede acceder en segundos a información producida por IA, pero información no significa conocimiento. ¿ Cómo se forma a una persona desde las humanidades? -Formar personas implica desarrollar habilidades intelectuales que permitan gestionar la enorme cantidad de información que hoy está disponible.
Debemos formar personas capaces de discernir, discriminar y evaluar la información que reciben, personas que desarrollen el Niels Rivas: hábito de buscar evidencia, de verificar la exactitud de lo que leen y de poner en tela de juicio aquello que reciben de manera instantánea. Necesitamos personas acostumbradas a hacerse preguntas frente a algo que llega con tanta comodidad. Si no compensamos esa inmediatez con una respuesta crítica, el resultado será que el acceso infinito a la información termine llenándonos de contenido de poco valor. Y uno puede quedar paralizado frente a tanta información, como en «Funes el memorioso» de Borges. Rivas no cree que los clásicos de la literatura sean piezas de museo ni textos muertos. Consultado sobre el valor de la literatura clásica, dice que después de más de 25 siglos de escritura, esos libros siguen sobreviviendo porque cada generación vuelve a leerlos desde sus propias preguntas, miedos e incertidumbres.
Asegura que todavía dialogan con el presente, porque conservan intacta la capacidad de narrar aquello que atraviesa la experiencia humana. "Hablan de la justicia, del odio, de la amistad, de la pérdida, del duelo, de la incertidumbre y de la vulnerabilidad humana. Y todo eso ilumina también nuestra experiencia actual". Autor: Daniel Rozas. "Entienden la educación superior como una línea de tren.
Es decir, el alumno entra a los 18 años, hace un recorrido lineal de cinco años y sale con un título profesional", dice el decano de Artes Liberales de la UAI. "Las universidades siguen preparando alumnos para un mundo que ya cambió" -¿ Qué autores o libros ayudan a entender mejor el presente? -Se me viene a la mente «Frankenstein», de Mary Shelley. Creo que es una obra indispensable para entender lo que estamos viviendo con la IA. El libro aborda cómo el ser humano enfrenta el desarrollo científico y ese deseo permanente de ir más allá de las fronteras del conocimiento.
El monstruo es la creación de un científico que quiere transgredir esos límites, y la novela muestra las consecuencias que puede tener ese impulso cuando no está acompañado de pensamiento crítico, capacidad de discernimiento, ni una mirada humanista. El protagonista se deja arrastrar por la ambición de convertirse en el gran descubridor, pero no existe una ética ni una autorregulación.
Y eso termina generando destrucción. -¿ Y por qué esa historia sigue dialogando con el presente? -Porque la novela alude a la figura de Prometeo, y creo que esa imagen hoy vuelve a tener una enorme vigencia. Prometeo roba el fuego a los dioses, se apropia de un saber que parece exceder las capacidades humanas y termina recibiendo un castigo terrible. Hay ahí una analogía con la IA. En muchos ámbitos aparece como algo más grande que lo humano, una fuerza que parece superar nuestra capacidad de entenderla o controlarla. Para el académico, el modo en que una sociedad entiende las humanidades termina influyendo en cómo forma a sus profesionales. Ahí aparece, apunta, uno de los principales errores del debate chileno sobre educación superior: reducir la discusión a cuántos años dura una carrera sin preguntarse antes qué tipo de personas y capacidades se están formando.
Argumenta que el debate suele simplificarse cuando Chile se compara con Europa o EE.UU., porque se trata de sistemas universitarios distintos y explica que en muchos de esos países los estudiantes pasan primero por programas de formación general y recién después ingresan a escuelas profesionales como Derecho o Medicina.
Desde su perspectiva, el problema chileno no pasa solo por la cantidad de años, sino por el tipo de formación que reciben los estudiantes y por la rapidez con que muchos conocimientos hoy se vuelven obsoletos.
Plantea que la universidad no puede ignorar las carencias con que numerosos alumnos llegan desde el colegio en habilidades de razonamiento, interpretación y análisis. "Más allá de la cantidad de semestres que el alumno esté en la universidad, el punto de fondo es el propósito de la formación que estamos entregando. Muchas cosas hoy no se resuelven mediante la técnica o la fórmula de una disciplina.
Requieren personas capaces de pensar críticamente y de tener una mirada más amplia de la realidad". -Hoy muchos estudiantes entran a carreras que, posiblemente, en 5 años no tendrán campo laboral. ¿ Las universidades están preparando profesionales para un mundo que dejó de existir? -El sistema universitario chileno quedó anclado en el siglo XX, o incluso en el XIX. Las universidades siguen preparando alumnos para un mundo que ya cambió y por eso hoy necesitamos un cambio de fondo en la manera de formar estudiantes. Muchas universidades todavía entienden la educación superior como una línea de tren. Es decir, el alumno entra a los 18 años, hace un recorrido lineal de cinco años y sale con un título profesional. Nosotros creemos que debería funcionar más como una red de metro, donde el estudiante pueda hacer combinaciones, cruzarse con otras disciplinas, construir una formación más flexible y adaptarse mejor a un mundo que cambia permanentemente.
Hoy necesitamos personas capaces de aprender, desaprender y adaptarse rápido a nuevas realidades. "Las humanidades tienen que mostrar su vigencia" -El Gobierno de Kast ha planteado modernizar las carreras para alinearlas con la demanda productiva. ¿ Qué te parece la gestión que está impulsando la ministra de Educación, María Paz Arzola? -Es prematuro hacer una evaluación de la gestión del Gobierno en educación. Pero sí me parece importante levantar una alerta respecto de una visión reduccionista de lo que debiera ser la universidad. Y esa no es una amenaza exclusiva de este Gobierno, es algo propio de la época que vivimos: el riesgo de transformar el conocimiento en algo utilitario. No podemos reducir la universidad a eso. La universidad tiene la misión de promover el desarrollo libre del conocimiento, sin supeditarlo a métricas externas. El conocimiento necesita libertad para desarrollarse y también para incomodar.
Las universidades deben seguir siendo espacios donde aparezcan preguntas difíciles, tesis incómodas e ideas que remuevan el estado actual de las cosas. -JAK dijo hace poco: "A veces 100 millones, 500 millones para una investigación que termina en un libro precioso empastado en la biblioteca. .. ¿ Cuántos trabajos generó? Ninguno". ¿ Qué revela esa frase sobre la manera en que el Presidente entiende la cultura? -Ahí hay una mirada estrecha porque se están mezclando dos temporalidades distintas. Probablemente Kast está pensando desde la lógica de la política, donde un año es mucho tiempo y cuatro años es muchísimo. Desde ahí se entiende la premura por exigir resultados. Pero el conocimiento y la ciencia funcionan de otra manera. Son procesos acumulativos que requieren reflexión, debate, análisis y tiempos mucho más largos. Los resultados de una investigación o de un libro quizás se van a ver reflejados en diez, quince o veinte años más. Y es necesario que así sea.
La creatividad, la innovación y el desarrollo requieren una lentitud que es muy fecunda para la ciencia, pero que no tiene nada que ver con la lógica de la política. -Esta administración se presentó como un "gobierno de emergencia" en áreas como seguridad y economía. ¿ Es un contrasentido aplicar una lógica de emergencia a la educación? -Depende del ámbito de la educación del que estemos hablando. Me parece razonable aplicar criterios de emergencia a problemas de infraestructura, construcción de escuelas, bibliotecas o acceso a computadores y libros. Pero en el ámbito del conocimiento y de la producción científica es un contrasentido, porque el conocimiento no funciona con la lógica de los resultados inmediatos. Y ahí hay un riesgo que me parece peligroso. La idea de emergencia puede empujar una visión hiperutilitaria de la educación, donde todo se reduce a métricas, productividad o impacto rápido. Y cuando eso ocurre, finalmente terminas debilitando el propio proyecto educativo. -¿ Es un error aplicar una lógica de emergencia al recorte de carreras? -Totalmente. Creo que ahí hay un riesgo enorme de confundir las prioridades. El problema de la educación superior no es cuánto duran las carreras. El problema es la calidad de la formación que estamos ofreciendo y el enfoque con que estamos formando a los estudiantes. Entonces, la discusión no debiera ser carreras más cortas. Debiera ser mejores carreras.
Porque si reducimos todo a un criterio económico o de ahorro de recursos, terminamos perdiendo de vista el problema de fondo. -El mundo tecnocrático vinculado al Gobierno de Kast cuestiona las carreras y las investigaciones que no generan empleo rápido. ¿ Piensas que las universidades han perdido la capacidad de defender públicamente el valor de las humanidades? -Ahí hay una autocrítica pendiente. Muchas veces la investigación académica se desarrolla dentro de una especie de torre de marfil, donde especialistas escriben para otros especialistas en una lógica endogámica; eso ha contribuido a los cuestionamientos que vemos hoy. Pero la solución no pasa por medidas inmediatistas.
Pasa por conectar el trabajo académico con los problemas concretos de la sociedad, lograr que el conocimiento tenga impacto y que sea comprensible más allá del círculo intelectual que lo produce. -¿ Las humanidades están perdiendo la batalla cultural? -Las humanidades tienen que volver a demostrar su vigencia y conectar los clásicos con las preocupaciones concretas de las personas. Mostrar que Antígona o Platón no son piezas de museo, sino textos que siguen hablando del presente. El desafío es recuperar el sentido profundo del conocimiento y entender que la lectura de los clásicos es una forma de leer el mundo actual. El problema de la educación superior no es cuánto duran las carreras.
El problema es la calidad de la formación que estamos ofreciendo y el enfoque con que estamos formando a los estudiantes". La universidad tiene la misión de promover el desarrollo libre del conocimiento, sin supeditarlo a métricas. El conocimiento necesita libertad para desarrollarse y también para incomodar". Autor: Daniel Rozas. El problema de la educación superior no es cuánto duran las carreras.
El problema es la calidad de la formación que estamos ofreciendo y el enfoque con que estamos formando a los estudiantes". La universidad tiene la misión de promover el desarrollo libre del conocimiento, sin supeditarlo a métricas. El conocimiento necesita libertad para desarrollarse y también para incomodar".