Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de Chilebio destaca por qué Chile se convirtió en principal exportador de semillas
Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de Chilebio destaca por qué Chile se convirtió en principal exportador de semillas "Chile se ha consolidado como un hub global porque reúne una combinación muy difícil de replicar: condiciones agroclimáticas favorables, aislamiento fitosanitario natural, experiencia técnica acumulada, una industria semillera sofisticada y un sistema regulatorio que ha permitido realizar investigación, ensayos y multiplicación de semillas bajo control. A eso se suma la ventaja de la contraestación respecto del hemisferio norte, que permite acelerar los ciclos de mejoramiento y abastecer oportunamente a los mercados internacionales.
En Chile, además, una parte importante de la superficie semillera se concentra justamente en regiones como Maule y O'Higgins, lo que muestra el peso territorial de esta actividad". "En las últimas dos décadas, estas actividades han permitido exportaciones de semillas biotecnológicas por más de US$ 2.300 millones y han contribuido a la siembra de más de 50 millones de hectáreas en distintos países. Eso no ocurre por casualidad: refleja confianza internacional en la calidad técnica, regulatoria y productiva que ofrece Chile", afirma Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de Chilebio.
Considerando el creciente desarrollo de tecnologías como la edición genética, ¿cómo debería evolucionar el marco regulatorio chileno para mantener la competitividad del país sin perder estándares de seguridad y trazabilidad? Chile debe avanzar hacia una regulación moderna, clara, predecible y basada en evidencia científica.
La buena noticia es que el país ya tiene experiencia práctica en esta materia y hoy está en un proceso de formalización y perfeccionamiento: el SAG abrió en enero de 2026 una consulta pública para establecer requisitos técnicos y administrativos aplicables al material vegetal desarrollado mediante nuevas técnicas biotecnológicas de mejoramiento. Esa es una señal correcta, porque entrega mayor certeza jurídica y fortalece el sistema regulatorio. Lo importante es que la regulación siga enfocándose en las características del producto y no solo en la técnica usada para obtenerlo. Si una edición genética genera un cambio equivalente al que podría lograrse por mejoramiento convencional o variación genética natural, no tiene sentido imponerle cargas desproporcionadas. Al mismo tiempo, Chile debe mantener trazabilidad, evaluación caso a caso, transparencia y capacidad de supervisión. Ese equilibrio es justamente el que hoy se está buscando en varios países, donde la fragmentación regulatoria puede frenar la innovación y excluir a pequeños mejoradores.
Si Chile ya cumple un rol clave en ensayos de campo y multiplicación de semillas biotecnológicas, ¿qué desafíos existen para avanzar hacia etapas de mayor valor agregado, como investigación, desarrollo y propiedad intelectual? El principal desafío es pasar de ser solo una plataforma eficiente de multiplicación y validación a transformarse también en un polo de generación de innovación propia. Para eso se requiere fortalecer la inversión en I+D, mejorar la articulación entre universidades, centros de investigación y empresas, y dar señales regulatorias e institucionales de largo plazo. La competitividad futura no se jugará solo en producir semilla, sino también en diseñar los rasgos, desarrollar variedades y capturar propiedad intelectual desde Chile. También es clave contar con reglas claras para protección de obtenciones vegetales, transferencia tecnológica y escalamiento comercial. Cuando un país ofrece certeza regulatoria, protección a la innovación y tiempos razonables para llegar al mercado, atrae proyectos de mayor sofisticación. De lo contrario, corre el riesgo de quedarse en los eslabones menos rentables de la cadena.
En un contexto de cambio climático y presión sobre los sistemas alimentarios, ¿qué rol pueden jugar las semillas biotecnológicas desarrolladas o evaluadas en Chile para enfrentar fenómenos como sequías, nuevas plagas o eventos climáticos extremos? Pueden jugar un rol central.
La biotecnología, a través de los Organismos Geneticamente modificados (OGM) por un lado, y de la edición genética por otro, permite desarrollar variedades con mayor tolerancia a la sequía, mejor eficiencia en el uso de agua y nutrientes, resistencia a plagas y enfermedades, y mejor adaptación al estrés térmico o salino. En otras palabras, permiten que la agricultura responda con más velocidad a problemas que hoy están avanzando más rápido que los métodos convencionales de mejoramiento. Para una región agrícola como el Maule, esto no es una discusión teórica. Significa contar en el futuro con cultivos más resilientes frente a olas de calor, déficit hídrico o nuevas sanitarias. presiones Y significa también proteger la productividad, el empleo rural y el abastecimiento de alimentos. La regulación debe acompañar ese desafío, porque el cambio climático no espera..