El camino de la bailarina chilena del Super Bowl
El camino de la bailarina chilena del Super Bowl Desde que Harry Styles lo anunció como ganador del Álbum del Año en la ceremonia en Los Angeles de los últimos Grammy Awards, el primero en español en los 68 años de historia del premio más importante de la industria musical estadounidense, Benito Antonio Martínez Ocasio estuvo por 25 segundos cubriéndose los ojos con sus manos. A su espalda, Lady Gaga también lloraba.
Tras respirar hondo, el artista conocido como Bad Bunny, el más escuchado del planeta en 2025 por su disco “Debí tirar más fotos”, caminó al escenario y en español agradeció a su madre, a Puerto Rico y a quienes han creído en él.
Y en su única frase en inglés, añadió: “Quiero dedicar este premio a todas las personas que tuvieron que abandonar su tierra natal para perseguir sus sueños (). Para todos los que han perdido a un ser querido y han tenido que seguir adelante. Los quiero”. Antes, al recibir otros dos premios por Canción del Año y Mejor Álbum Latino Urbano, abogó por el fin de las redadas masivas contra migrantes. “No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens. Somos humanos. Somos americanos”, dijo. “Nosotros no les odiamos”. Mientras Bad Bunny hablaba, ese 1 de febrero Bárbara Moscoso Candia, de 38 años, lloraba frente a un televisor en Santa Clara, California.
A esa altura, la chilena cumplía su segundo día de ensayos, pues era de las elegidas para participar con el “boricua” en el show de medio tiempo del Super Bowl, el espectáculo deportivo más visto en Estados Unidos. Dice que cuando Benito habló esa noche recordó su propia vida, a su abuela fallecida en Chile y pensó en todas las personas que, como ella, seguían un sueño. Su mensaje fue tan potente que desde ahí sentí que el Super Bowl iba a ser más allá de algo que quería hacer yo relata. Sentí que iba a estar representando a miles de personas.
“No voy a ser bailarina, porque no me voy a morir de hambre”, le dijo Bárbara a su profesor de la escuela de danza Estudio Valero cuando le contó que no se matricularía en la carrera, pese a que llevaba cuatro años ensayando ahí. Bárbara, nacida en Santiago, la mayor de cuatro hermanos, pasó la infancia patinando y bailando en el Colegio Corazón de María de San Miguel. Cuenta que organizaba espectáculos en su casa y en la escuela, en las que hacía participar a todas sus compañeras en los recreos. Se inspiraba en los videos que veía en el canal MTV. “Desde chica le encantaba la música; escuchaba una canción y empezaba a inventar coreografías, a bailar. La música siempre fue su forma de expresarse”, cuenta su madre, Sabrina Candia, quien desde hace un tiempo vive en Estados Unidos con su hija. Cuando estaba en octavo básico, la mamá de una compañera supo que el matinal “Buenos días a todos”, de TVN, convocó a audición para crear un grupo de baile adolescente. Eran tiempos de axé. Llegamos más de 100. Era diciembre, hacía calor y estábamos todos afuera del portón antiguo del canal recuerda Bárbara. Mi mamá estaba embarazada y me fue a acompañar con mi hermana chica. Bárbara quedó. “Era chica y el mundo de la televisión puede ser intenso, pero al mismo tiempo la veía tan feliz, que entendí que era algo importante para ella”, comenta su madre.
Ese camino la llevó en los años siguientes al matinal “Viva la mañana”, de Canal 13; al programa “Rojo”, de TVN; a participar en eventos y a hacerse un nombre dentro de la escena del baile local. Su enseñanza media la combinó con trabajo y ensayos en el Estudio Valero, donde practicaba hasta la medianoche.
Admite que alucinó la primera vez que entró al instituto: “Estaban todas las bailarinas con panties cortadas, pelo tomado, como en Flashdance o Fama, y yo onda con dos cachitos, el outfit de un color y zapatillas normales”. Pese a ello, pensando en su futuro económico, al rendir la PSU decidió que sería ingeniera civil con mención en sistemas de gestiones, por lo que se matriculó en la Universidad Tecnológica Metropolitana.
Fui una semana a clase, me di cuenta de que era la única mujer y que no me daba el tiempo para bailar porque me topaban los horarios y el profe del Valero me dijo que sin ensayar no podía seguir explica Bárbara.
Así que fui donde mis papás y les dije: “Quiero ser bailarina”. Mi mamá, que ya había pasado los cheques, me dijo “okey, yo te acompaño”. Sabrina Candia admite que aunque con José, su exmarido, respaldaron la decisión, sintieron susto. “Pero también veía lo convencida que estaba y lo mucho que amaba bailar.
Preferí apoyarla en algo que la apasionaba antes que verla seguir un camino que no era el suyo”. Bárbara se matriculó en Danza Espectáculo en la Uniacc, que era la primera carrera que abría con ese enfoque en Chile.
“Me gustaban los videos de MTV y mi sueño era que fueran protagonizados por los bailarines como ahora pasa en Instagram”. En 2011 llegó a Santiago Jorge Alberti, un actor puertorriqueño que tras protaOSOCSOMARABRÁBAZELITNEG gonizar teleseries en México, Estados Unidos y Canal 13 fue presentado por Chilevisión como una de las estrellas que participarían de la cuarta temporada del programa “Fiebre de baile”. Su pareja sería Bárbara Moscoso. Su esposa (Katia Parrilla) vino a acompañarlo y ensayábamos todos los días. Ella me dice un día: “Barby, ¿nunca has pensado en irte a vivir afuera?”. Yo le dije que no, pero que si lo hiciera me gustaría ir a Broadway. Entonces me dijo “pero es que si te fueras a Puerto Rico la gente te diría, ¡¡¡ perra! !!” relata abriendo los ojos replicando la impresión. Ella se rio y me dijo que “perra” allá era para decir que eras increíble.
Tras finalizar su participación en el programa, Alberti regresó a México para grabar una teleserie y meses más tarde llamó a Bárbara para contarle que le había hablado de ella a Danny Lugo y le exhibió videos. Lugo, actualmente considerado el coreógrafo más importante de Latinoamérica, le ofreció a la chilena que se integrara a su escuela. Bárbara, entonces de 24 años, gozaba de un buen pasar económico y mucho trabajo, pero aceptó: “Mi corazón me dijo te tienes que probar”. En la isla estuvo seis meses que costeó con sus ahorros. Aunque el tiempo fue breve, trabajó con los coreógrafos más importantes de la activa movida musical “boricua”, convirtiéndose en profesora de la academia. A su regreso a Chile cada vez que artistas como Luis Fonsi, Wissin & Yandel o Zion & Lennox necesitaban bailarinas la llamaban. Ese grupo de coreógrafos más tarde partió a trabajar a Miami y Lugo la contactó en 2012 para incorporarla al programa “Yo me llamo”, de Telemundo. Fui, pero con un pasaje sin cambio porque en ese tiempo había viajado harto a Puerto Rico y había gastado mucho. Era un contrato como por cinco, seis meses calcula. Llegué y Danny me dice: “Tengo malas noticias, no vas a poder trabajar”. El problema era que Bárbara no tenía papeles para trabajar en Estados Unidos. De todas formas le ofreció alojarla en un departamento que le había otorgado la producción. Era un sitio con dos habitaciones donde el coreógrafo recibió a los 14 bailarines a los que invitó. Bárbara durmió en un futón y terminó por consumirPOR LEO RIQUELME se sus ahorros y tarjetas de crédito. “Igual bailaba, montaba coreografías para el programa, ayudaba, no me pagaban, pero no me dejaban pagar nada en el departamento”, dice.
La estadía la puso en el radar de la movida latina de Miami a tal punto que Luis Fonsi la quería en su staff y puso a disposición a su abogado para que la ayudara en las gestiones para obtener la visa de trabajo, la que consiguió en 2014. Su debut legal en Estados Unidos lo hizo para los Latin Billboards, donde bailó con Daddy Yankee, Wissin & Yandel y Cristian Castro, con quien se subió incluso a un elevador en el show. Bailé como en ocho números.
Me acuerdo del sentimiento de esa noche, y era como que todo lo que yo pedía, todo lo que yo había visto, todo existía En 2016, el novio de Bárbara, Chris, terminó sus estudios de posgrado y la pareja debía decidir dónde radicarse. Ella cuenta que quería salir del “pelo pelo” de la música latina y explorar con cantantes anglosajones, por lo que decidieron instalarse en Los Angeles. No sabía en lo que me estaba metiendo admite. Bárbara dice que todo era diferente a Miami, donde habitualmente era buscada.
Lo ejemplifica con una audición para una residencia de Gwen Stefani en Las Vegas, que duró dos días, evaluaron a 674 personas, la escogieron entre las diez finalistas, pero no ocuparon a nadie porque optaron por seguir con las bailarinas habituales. En otra ocasión, agrega, la orden que recibió para acompañar en los ensayos a Jennifer Lopez fue que debía ir sin maquillaje ni joyas y con el pelo tomado, para no opacar a la cantante.
A eso suma la exigencia de contar con un agente y lo normal que resulta que asistentes de coreógrafos de estrellas como Beyoncé cobren hasta 2.000 dólares por una semana de clases para indicar qué se debe hacer para aspirar a ser parte del equipo de baile. Y así, 20 mil historias más. Los Angeles es de película, pasa mucho por con quién te acuestas y amigo de quién eres lamenta. Mi camino ha sido más difícil, porque ha sido a través del esfuerzo, vengo de esa enseñanza de familia. Bárbara, por ese entonces, pasaba gran parte del día sola porque su pareja salía a trabajar, hablaba muy poco inglés y evitaba conversar con desconocidos. Además, subsistía con algunos trabajos corporativos que le surgían y algunas clases. Me empecé a opacar, me sentía mal, débil, sola, así que le escribí a Danny y me dijo que me fuera a hacer otros Latin Billboards cuenta. Fui y fue rico sentirme así. Ahí me dijeron que Maluma me quería para su tour; Pitbull también y otro más. Tenía tres ofertas laborales en Miami mientras en Los Angeles nada, así que me fui de capitana de Maluma. Una de las bailarinas no hablaba una gota de español, así que me tiré a hablar inglés nomás. Pero cuando la vida había vuelto a sonreírle, en 2020 partió la pandemia y volvió a confinarse a Los Angeles. Piotr Parada es un psicólogo polaco que conoció a Bárbara el 12 de marzo de ese año. Había llegado a Los Angeles para visitar a su novio, quien era amigo de la chilena y de su pareja. Los cierres de fronteras lo obligaron a quedarse en Estados Unidos. “Desde el primer momento sentí que estábamos en la misma sintonía. Inmediatamente vi no solo lo talentosa que era, sino el ser humano tan amable y genuino que es”, afirma el coach. Piotr aprovechó su estancia en EE.UU. para certificarse como Coaching de Vida, con el que apoya a las personas a alcanzar sus metas, manejar el estrés, desbloquear su potencial y encontrar motivación, según define.
Barby es alguien que está en constante crecimiento, abierta a la autorreflexión y profundamente curiosa sobre las personas, el mundo y su desarrollo en muchas áreas, por eso la invité a sesiones de coaching como parte de mi práctica cuenta. Evitando entrar en detalles, Piotr explica que trabajaron en que notara sus pequeñas victorias y valorara el esfuerzo que ponía en ellas: Cuando conocí a Barby, ella ya había logrado un éxito internacional significativo. En nuestro trabajo nos enfocamos en diferentes áreas que la ayudaron a ganar claridad, confirmar que estaba en el camino correcto, establecer metas personales y profesionales significativas y avanzar hacia ellas. Eso ocurrió hace tres años.
Desde entonces Bárbara ha sacado la ciudadanía estadounidense; se compró un vehículo; montó su propia compañía de baile, su línea de ropa; tomó las riendas de su carrera como bailarina en función de sus metas personales y asumió un rol activo en redes sociales. Por ejemplo, el año pasado le escribí a mi agente y le dije que me había enterado de que una artista andaba buscando una persona que bailara partnering, que es mi estilo, latino, lambada. Se rumoreaba que era Karol G. Me dijo que sí, que me había propuesto, pero que no me habían elegido sostiene.
Ese día dije “no más”, agarré un video de “Fiebre de baile”, o sea, de hace 12 años, lo edité, le puse la música de una canción de Karol G que sonaba así y le puse los tags “bailarina”, “latina”, “lambada” y lo subí. Dos horas más tarde, Bárbara estaba en una clase de baile cuando su reloj vibró: era un mensaje de la coreógrafa de la colombiana, quien le preguntaba si estaba disponible para viajar a So Paulo. Diciembre de 2025 comenzaba y Bárbara llevaba dos horas en Chile cuando recibió un mensaje para que audicionara para un show en Estados Unidos.
El texto no lo decía, pero se rumoreaba que era para el espectáculo de medio tiempo que Bad Bunny ofrecería en el Super Bowl, la final de la Liga Nacional de Fútbol Americano (la NFL, por sus siglas en inglés), el evento más importante de Estados Unidos. El solo anuncio de la participación del artista latino había irritado al Presidente Donald Trump que amenazó con ordenar detenciones masivas de migrantes irregulares en los alrededores del estadio de Santa Clara. Le cuento a mi familia y me preguntan: “Si quedas, ¿vas a poder pagar el pasaje de vuelta?”. Les digo que seguramente sí. “No tienes que pensarlo, agarra tus maletas y devuélvete” rememora. Tomé un avión al otro día, me bajé y fui a audicionar. Terminé, pesqué otra vez la maleta y me devolví a Chile.
Estando en Santiago para un evento de su marca de vestuario recibió otro mensaje indicándole que había pasado a la siguiente etapa, por lo que debía volver a Los Angeles al día siguiente, así que nuevamente voló a EE.UU. Era para integrar el equipo de salsa. Yo rezaba: “Diosito, lo que tú quieras, pero por favor, por favor, que quede” relata.
La última audición fue el 10 de diciembre, pasó Año Nuevo y la chilena no tenía noticias, por lo que, resignada, Bárbara y su familia volaron a Hawái en enero a pasar un fin de semana. Mientras miraba una cascada, el dispositivo de la bailarina vibró, ella leyó el mensaje y comenzó a saltar y llorar de felicidad. Había quedado. Las siguientes tres semanas los bailarines ensayaron ocho horas diarias, en que apenas les daba el tiempo para comer. Ella pertenecía al grupo de bailarines de salsa. Otros se dedicaban a lo urbano, otros a personificar árboles y otros a portar la bandera de cada país americano. Bárbara se emociona cuando recuerda los ensayos de la última semana con Benito y sobre todo cuando tres días antes del show cantaron por primera vez con ellos Lady Gaga y Ricky Martin.
No olvida tampoco el momento en que antes de salir a la cancha esa tarde del 8 de febrero uno de sus colegas les pidió a los más de 200 bailarines que se tomaran de las manos, agacharan la cabeza y rezaran. El silencio, plasmado en un video, es estremecedor. El show fue un éxito global, con más de 4.157 millones de visualizaciones en 24 horas por la transmisión oficial, YouTube y las redes sociales, según datos de la organización.
Desde su aparición en el show hace más de un mes las visitas al Instagram de Bárbara han aumentado tal como las ofertas de trabajo, lo que incluye una próxima aparición en una película para Netflix. Bárbara asegura que en este tiempo reflexionó mucho. Recordó que se mudó a Los Angeles intentando actuar con artistas anglos, pero fue justamente el ser latina lo que le ha abierto las puertas al mundo. Empecé a abrazar mi cultura, me solté el pelo, me empecé a poner la ropa que siempre me pongo para salir y se empezaron a dar las cosas dice.
Bárbara se seca una lágrima y admite que, aunque quiere más, nunca pensó que esa niña que veía videos en MTV iba a llegar tan, pero tan lejos.. Bárbara Moscoso bailó en el espectáculo de medio tiempo de Bad Bunny.
Fue el corolario de una carrera de más de dos décadas que comenzó en el matinal “Buenos días a todos” y en la que debió lidiar con soledad y la rudeza de ser una latina tratando de abrirse paso en Estados Unidos. “Cuando empecé a abrazar mi cultura, me solté el pelo, me empecé a poner la ropa que siempre me pongo para salir, se empezaron a dar las cosas”, dice. “Los Angeles es de película, pasa mucho por con quién te acuestas y amigo de quién eres. Mi camino ha sido más difícil, porque ha sido a través del esfuerzo, vengo de esa enseñanza de familia”.