Autor: Carlos Delgado Álvarez Doctor en Ciencias de la Educación
Columnas de Opinión: Resultados PAES en la Región de Los Lagos: cuando la desigualdad se normaliza como mérito
Columnas de Opinión: Resultados PAES en la Región de Los Lagos: cuando la desigualdad se normaliza como mérito os recientes resultados de la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) vuelven poner en evidencia una tensión estructural L del sistema educativo, como es la persistente brecha entre los estudiantes de establecimientos con financiamiento público y aquellos provenientes de los colegios particulares pagados.
El 90,2% de quienes rindieron las pruebas -7.176 egresados distribuidos 176 establecimientos con en financiamiento públicoobtuvieron un promedio de 580 puntos; mientras que 783 estudiantes del sector pagado -el 9,8% concentrados en 17 establecimientos-, alcanzó un promedio cercano a los 735 puntos. La diferencia, superior a 150 puntos, no es un accidente estadístico, sino que es un fenómeno social.
La pregunta central no es nueva, pero sigue siendo incómoda: ¿ qué estamos midiendo realmente cuando evaluamos el "mérito" académico en un sistema profundamente desigual? Desde la sociología de la educación, estos resultados pueden interpretarse como una expresión concreta de la reproducción social. Hace bastante P. Bourdieu y J.C. Passeron, en Los herederos (1964) y luego en La reproducción (1970) señalaron que el sistema escolar tiende a legitimar como capacidades individuales aquello que es, en gran medida, herencia social. En este sentido, la PAES no solo evalúa aprendizajes, sino que traduce en puntajes las desigualdades previas de capital económico, cultural y simbólico acumuladas a lo largo de la trayectoria educativa.
Los estudiantes de colegios particulares pagados suelen disponer de un capital cultural alineado los códigos con dominantes del sistema escolar y universitario, como son el dominio del lenguaje académico, la familiaridad con las evaluaciones estandarizadas, el acceso a una preparación externa y su desarrollo en entornos familiares con alta escolaridad. Bourdieu denomina a esta coherencia entre origen social y expectativas institucionales un habitus compatible con el éxito escolar. En contraste, los estudiantes del sistema público enfrentan un desajuste estructural entre sus condiciones de origen y las exigencias implícitas del sistema de selección universitaria.
Entonces, atribuir esta brecha a una supuesta "mala calidad" de la educación pública resulta conceptualmente erróneo y políticamente funcional, puesto que la calidad educativa no puede analizarse al margen de las condiciones de educabilidad, es decir, del conjunto de factores sociales, económicos y culturales que hacen posible el aprendizaje, lo cual, en territorios marcados por la ruralidad, la dispersión geográfica y el desigual acceso a los bienes culturales, estas condiciones son estructuralmente más adversas, y sino decisivas, condicionantes. En este contexto, la PAES opera como un dispositivo de selección que presupone igualdad de oportunidades de partida.
Sin embargo, desde una perspectiva de justicia educativa, dicha presunción resulta insostenible, ya que como plantea John Rawls en Teoría de la Justicia (1971), las desigualdades solo son moralmente aceptables si benefician a los menos aventajados, entonces, cuando las reglas del juego amplifican las ventajas iniciales, el mérito pierde legitimidad como criterio distributivo.
Por lo tanto, los resultados PAES no hablan de falta de talento ni de escaso esfuerzo, sino de un país que sigue confundiendo igualdad formal con justicia real, y que continúa evaluando a sus estudiantes como si todos hubieran recorrido el mismo camino.
Mientras esta ficción persista, la educación pública seguirá cargando con la exigencia de la igualdad de resultados, pero desde una desigualdad de partida estructural, y sin las condiciones estructurales para cumplir la promesa de una posterior igualdad de oportunidades. Autor: Carlos Delgado Álvarez Doctor en Ciencias de la Educación.