Autor: DR. JUAN LUIS OYARZO GÁLVEZ, ACADÉMICO, INGENIERO COMERCIAL
Columnas de Opinión: PAES: la brecha que el Estado no cierra
Columnas de Opinión: PAES: la brecha que el Estado no cierra Una vez más, los resultados de la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) vuelven a dejarnos una sensación incómoda, casi amarga: nada sustantivo ha cambiado. Los números están a la vista y no admiten interpretaciones complacientes. Dentro de los 100 establecimientos con mejores puntajes, sólo uno pertenece al sistema público. Dentro de los 200, apenas una docena. El resto, como en los años anteriores, corresponde a colegios particulares pagados. No se trata de una anécdota estadística. Es una tendencia persistente. Desde que llevo registro comparable, los liceos municipales rara vez superan los dos o tres representantes en estos rankings. Se nos dijo que la PAES no estaba diseñada para generar rankings, que su objetivo era otro, que no debía leerse en clave de competencia entre colegios. Todo eso puede ser técnicamente cierto. Pero también es irrelevante. Los resultados existen, se publican, se analizan, y reflejan una realidad estructural: el sistema educacional chileno sigue produciendo desigualdad de oportunidades. Conviene ser claros. El problema no son los colegios privados. Ellos hacen lo que siempre han hecho: ofrecer, a quienes pueden pagarlo, un entorno educativo intensivo en recursos, capital cultural, acompañamiento y expectativas. No hay nada ilegítimo en ello. El problema es que el Estado, año tras año, sigue sin ser capaz de ofrecer una alternativa pública que permita competir en condiciones razonables. No igualdad perfecta, no milagros, sino algo mucho más básico: una línea de partida menos injusta. Cuando un joven de un liceo municipal rinde la PAES, lo hace cargando una mochila que no eligió. Muchas veces, una institucionalidad que administra carencias en lugar de construir trayectorias. Luego, frente a la prueba, se le pide exactamente lo mismo que a quien ha estudiado doce años en un colegio con orientación vocacional personalizada. La competencia es formalmente igual, pero materialmente desigual. Lo más inquietante no es el resultado en sí, sino la naturalización del fracaso. Cada año escuchamos explicaciones técnicas, matices, llamados a no sobrerreaccionar. Se habla de inclusión, de diversidad de talentos, de que la universidad no lo es todo.
Todo eso puede ser cierto, pero no borra el hecho central: la PAES sigue siendo una de las principales puertas de acceso a las mejores oportunidades de formación, y el Estado sigue llegando tarde y mal a esa puerta. La pregunta entonces no es por qué los colegios privados dominan el ranking.
La pregunta es por qué, después de una década de reformas, inversiones y discursos sobre la educación como derecho social, seguimos viendo prácticamente el mismo mapa de resultados. ¿ Dónde están los responsables de esa continuidad? ¿ Dónde están quienes diseñaron políticas que no lograron alterar la estructura de fondo? ¿ Dónde está la rendición de cuentas? No basta con cambiar nombres de pruebas, modificar currículos o ajustar instrumentos de evaluación. El problema es más profundo: tiene que ver con cómo el país concibe la educación pública. Mientras siga siendo tratada como un sistema de contención social y no como una plataforma de movilidad real, los resultados no cambiarán. Y cada generación de estudiantes que pasa por este embudo desigual paga el costo. Autor: DR. JUAN LUIS OYARZO GÁLVEZ, ACADÉMICO, INGENIERO COMERCIAL. La columna de. ..