Autor: Mauro Basaure Académico de Sociología UNAB y Núcleo Milenio Crispol
Columnas de Opinión: Una crisis reducida a Hacienda
Columnas de Opinión: Una crisis reducida a Hacienda E I covid obligó a admitir que, cuando el shock es sistémico, no bastan políticas y subsidios puntuales. Hay que proteger la continuidad de toda la vida social: trabajo, movilidad, ingresos, abastecimiento. En otros países, la crisis actual del petróleo está siendo leída en ese registro: no solo como precios e inflación, sino como riesgo para el funcionamiento global de una sociedad altamente dependiente del petróleo. Chile eligió otra definición. Aquí la crisis fue encerrada en un vocabulario estrecho: precios, costo fiscal, subsidios regresivos, equilibrio macroeconómico. Y de esa definición estrecha salió una política igualmente estrecha. Las siete medidas del gobierno no dibujan una protección global y múltiple frente al shock: congelan, compensan, contienen. No aseguran a la sociedad; administran el daño. Las siete medidas de Hacienda tienen piernas cortas. Pero lo más revelador no es solo la estrechez del paquete, sino su geografía. La medida más clara fue congelar el transporte público en Santiago. No la movilidad del país como conjunto, sino el nodo más sensible de la gran metrópoli: allí donde una tarifa puede convertirse en irritación masiva, símbolo político y detonante. Para el resto, recursos para "contener alzas". Para el centro nervioso del conflicto, blindaje. Esa asimetría dice más que cualquier discurso. La focalización no es solo una técnica fiscal. Es una cartografía del temor estatal. Muestra que no se protege primero donde el daño social es mayor, sino donde el riesgo político es más alto. No la vulnerabilidad: la gobernabilidad. No se entendió la crisis como una perturbación del funcionamiento social, sino como un problema de caja con puntos de ignición. No abrió una discusión sobre teletrabajo, reorganización de la movilidad, gestión de la demanda o protección transversal frente al encarecimiento energético. Se limitó a amortiguar precios visibles y enfriar focos sensibles. El contraste con el covid es elocuente. Entonces, aun con vacilaciones, el Estado tuvo que asumir que el riesgo comprometía a la sociedad entera. Hoy, frente a otro shock externo, reaparece un Estado más pequeño: no el que protege, sino el que dosifica; no el que asegura, sino el que calcula. Eso es lo que esta crisis deja al descubierto.
No solo recuerda la dependencia energética de Chile, sino el tipo de Estado que hoy lo gobierna: uno que ya no se piensa como garante de la sociedad ante la excepción, sino como administrador fiscal del malestar. No proteger a la sociedad: evitar que la sociedad se desordene. Esa parece ser la verdadera doctrina del momento.
Y ahí puede residir su paradoja central: al intentar contener el conflicto en sus puntos más sensibles, el Estado podría estar incubando el desorden social que dice querer evitar. "No proteger a la sociedad: evitar que la sociedad se desordene. Esa parece ser la verdadera doctrina del momento". Autor: Mauro Basaure Académico de Sociología UNAB y Núcleo Milenio Crispol. "No proteger a la sociedad: evitar que la sociedad se desordene. Esa parece ser la verdadera doctrina del momento".