Columnas de Opinión: La masculinidad en el nuevo orden social
Columnas de Opinión: La masculinidad en el nuevo orden social PLAZA de IDEAS El empoderamiento femenino ha sido uno de los cambios culturales más profundos de las sociedades occidentales en las últimas décadas. Mientras este proceso ha ganado presencia en el debate público, otra transformación ocurre con menos visibilidad: la de los hombres y su lugar en este nuevo orden social. Definirlo se ha vuelto sorprendentemente complejo. En Chile, un estudio del Icso-UDP (Ciper, 2025) identificó cinco perfiles de masculinidad, que van desde visiones más igualitarias hasta posiciones fuertemente tradicionales. El resultado es un paisaje fragmentado, y a veces contradictorio, en torno a autoridad, cuidado, intimidad y poder. Según la misma encuesta, más de la mitad de los chilenos describe hoy a los hombres con atributos negativos.
A nivel global, un estudio de Kings College London e Ipsos revela que uno de cada tres hombres de la generación Z está de acuerdo con que una esposa debe obedecer a su marido; 30% cree que no debieran decir “te quiero” a sus amigos; 43%, que deben mostrarse físicamente rudos; y 21%, que cuidar niños les resta virilidad. A ello se suma otra señal preocupante: el debilitamiento de sus redes de apoyo.
En Estados Unidos, la proporción de quienes dicen no tener amistades cercanas pasó de 3% a 15% en tres décadas (Survey Center on American Life). El profesor Scott Galloway, en su libro “Notas sobre ser un hombre” (2024), sostiene que muchos jóvenes han perdido las “rampas de entrada” hacia una adultez estable: educación, empleo con horizonte, vínculos significativos, comunidad y propósito. Cuando esas estructuras se debilitan, no desaparece la necesidad de pertenecer; lo que se pierde es el camino para lograrlo.
Las cifras reflejan ese cambio: en los países de la OCDE, el 54% de las mujeres jóvenes alcanza educación superior, frente al 41% de los hombres, y en Chile la tendencia es similar: 45% versus 37%. En el ecosistema digital aparece otro factor. Las plataformas han convertido la ansiedad masculina en negocio. Contenidos sobre dinero rápido, fuerza o éxito inmediato circulan como promesas de control en un mundo percibido como incierto. Para muchos jóvenes, es allí donde aparece el reconocimiento y la pertenencia que antes ofrecían otras instituciones.
Galloway advierte que el espacio que antes ocupaban el trabajo, la comunidad o la familia hoy está siendo capturado, con demasiada frecuencia, por algoritmos que, al monetizar la ansiedad, amplifican emociones y organizan comunidades en torno a la frustración. La pregunta no es si los hombres enfrentan hoy las mismas desigualdades que históricamente enfrentaron las mujeres, sino qué ocurre cuando una generación crece sin un camino claro. La tarea pendiente no parece ser restaurar la masculinidad del pasado, sino reconstruir los caminos de entrada para asegurar propósito, trabajo y comunidad para los jóvenes. Porque cuando las instituciones dejan de ofrecer sentido, alguien más ocupa ese lugar. Y hoy, con demasiada frecuencia, ese alguien es un algoritmo. “En el ecosistema digital aparece otro factor. Las plataformas han convertido la ansiedad masculina en negocio”.. MÓNICA RETAMAL, EMPRENDEDORA SOCIAL “En el ecosistema digital aparece otro factor. Las plataformas han convertido la ansiedad masculina en negocio”.