Autor: Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés
Columnas de Opinión: La urgencia de volver a escuchar(nos)
Columnas de Opinión: La urgencia de volver a escuchar(nos) L o ocurrido la semana pasada en la Universidad Austral de Chile ha generado una reacción casi automática: condena transversal, llamados al orden, amenazas, y en varios casos, la rápida tentación de criminalizar la protesta. Y sí, es necesario decirlo con claridad: la violencia no puede ser el camino si queremos hacer las cosas bien. Pero detenernos ahí es, también, una forma de no mirar el problema completo. Porque cuando un hecho como este irrumpe, lo más fácil es quedarse en la superficie. Identificar responsables, exigir sanciones, cerrar elepisodio, apuntar para otro lado. Sin embargo, lo verdaderamente incómodo es preguntarse por qué este tipo de situaciones comienzan a aparecer con mayor frecuencia en espacios educativos, donde técnicamente debiera primar el diálogo, la reflexión y la construcción colectiva. Y, sin embargo, desde hace tiempo sabemos que eso no ocurre en todos los casos. Los datos son, al menos, inquietantes. En Chile, el 52,9% de los adolescentes cumple criterios para ser diagnosticado con algún problema de salud mental. Un 60% de jóvenes en edad escolar presenta síntomas de ansiedad. Y el año 2024 cerró con 57 adolescentes fallecidos por heridas autoinfligidas. Y estás no son cifras aisladas, son señales. Señales de una generación que está creciendo en medio de tensiones profundas, muchas veces invisibilizadas o reducidas a diagnósticos individuales. Pero que, en realidad, hablan de algo más amplio: de una sociedad que no siempre logra escuchar, contener ni acompañar a tiempo. En ese contexto, las amenazas o los episodios de violencia en establecimientos educacionales, sea por impulso, por imitación o por desesperación, dejan de ser simples hechos aislados. Empiezan a parecerse más a síntomas. A expresiones torpes, a veces dolorosas, de un malestar que no está encontrando otros canales. Nada de esto justifica la situación vivida en la universidad. Pero sí nos obliga a complejizar la mirada. Porque cuando la respuesta frente a estos hechos se limita únicamente al castigo o a la condena, corremos el riesgo de apagar la alarma sin atender el incendio. El problema de fondo no es la visita de una ministra. Es mucho más estructural. Tiene que ver con cómo estamos formando, acompañando y sosteniendo a nuestras comunidades educativas. Con cuánto espacio real existe para la participación, para la expresión emocional, para el desacuerdo sin violencia. No es un problema fácil. Y por lo mismo, no podemos esperar que la salida lo sea. Autor: Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés. C Columna