CARTAS: Un país sin dormir
CARTAS: Un país sin dormir Un país sin dormir Señor Director: Chile medica lo que no sabe sostener. En 2024, un inductor del sueño se convirtió en uno de lostres medicamentos más vendidos en Chile, superado por el paracetamol y el ibuprofeno. Somos un país que no puede dormir y eso es el retrato de una cultura que ha perdido la capacidad de habitar el silencio, la espera y la oscuridad. Nos incomoda el umbral. El Sábado Santo es precisamente esto: un día sin resolución, sin liturgia, sin respuestas. Los discípulos vivían en el "entre". No había nada que hacer, solo habitar. Esa experiencia no es un vacío, sino una pausa. Hay investigaciones sobre crecimiento postraumático que plantean que los cambios más profundos en la persona no ocurren en los momentos de claridad, sino cuando los esquemas anteriores colapsany aún no existe uno nuevo. El sufrimiento habitado tiene una dirección que el sufrimiento evitado nunca alcanza. Una sociedad que no sabe habitar su oscuridad no podrá transformarse. El Sábado Santo nos recuerda que hay procesos que exigen espera, no aceleración, y que interrumpir el "entre" prematuramente no es alivio, sino perder la resurrección.
Angélica Herrera Psicóloga Crónica anunciada Señor Director: Los recientes episodios de violencia, como el Liceo B-10 de Calama y el Liceo Lastarria, no representan hechos aislados, sino la manifestación crítica de una violencia urbana que ha permeado los muros de nuestras instituciones educativas. Lo ocurrido es, dolorosamente, una crónica de una situación anunciada. Este fenómeno no es espontáneo; es el reflejo de factores estructurales como la desigualdad y la desintegración de los núcleos familiares, potenciados por una severa crisis de salud mental. Ante esto, la respuesta estatal no puede seguir siendo simplemente reactiva ni limitarse al control policial de las inmediaciones.
Es imperativo implementar medidas de prevención profunda que transformen la convivencia desde adentro, fomentando programas que canalicen el conflicto hacia el deporte y la cultura, y fortaleciendo el apoyo clínico especializado en psicología y psiquiatría dentro de los planteles.
Asimismo, debemos ser cautelosos con soluciones efectistas pero controversiales, como la instalación de detectores de metales, similares a la realidad norteamericana, que corren el riesgo de estigmatizar a las comunidades y terminan por validar la realidad delictiva en lugar de proteger el espacio pedagógico de ella. La seguridad no se garantiza con vigilancia restrictiva, sino con una convivencia sanay un abordaje integral del entorno familiar. El Estado debe actuarahora para evitar que el aula se convierta en una extensión más del mapa de violencia en el país. El resguardo de nuestras futuras generaciones depende de la capacidad de separar la escuela de la dinámica criminal. Juan Castañeda Investigador de la U. Autónoma. - - -