Autor: María Gabriela Huidobro Salazar Doctora en Historia Académica de la Universidad Andrés Bello Decana Asociada EHE, Tecnológico de Monterrey
Columnas de Opinión: Mesura histórica en tiempos convulsos
Columnas de Opinión: Mesura histórica en tiempos convulsos ra del año 33, en pleno imperio romano. Es probable que el titular principal hubiera estado dedicado a las tensiones en la frontera con los partos o a la crisis económica de ese año.
Sólo hacia el final del periódico, si es que hubiera aparecido, una pequeña nota habría informado algo así como "Agitador de Nazareth es crucificado en Judea". Claro, desde la perspectiva de los contemporáneos, la crucifixión de Cristo no constituía una noticia importante. Nadie podría haber imaginado que los discípulos de Jesús expandirían su fe hasta constituirse en la principal religión de occidente, definiendo los destinos políticos y culturales de todo un hemisferio. Sólo el tiempo es capaz de determinar lo que resulta trascendente en perspectiva histórica, pero no solemos tener conciencia de ello. Esta semana, hemos sido testigos de noticias que se suceden de manera vertiginosa y cada titular parece más dramático que el anterior.
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, el vuelco geopolítico en América Latina y las reacciones encontradas en el mundo -entre protestas, condenas y celebraciones internacionaleshan creado un flujo casi incesante de información que fomenta la ansiedad colectiva. En contextos como este es fácil caer en un presentismo que magnifica lo inmediato y pinta los eventos como hechos inéditos, que requieren de una solución urgente. Pero la historia nos ofrece una herramienta esencial: la larga duración. Ella nos recuerda, por una parte, que muchos fenómenos que hoy se sienten como extraordinarios tienen precedentes, raíces profundas y, sobre todo, consecuencias que sólo se aprecian bien con distancia.
Por otro lado, nos indica que naH ace unos años, leí en algún libro de historiografía cuyo título no recuerdo, una invitación a imaginar qué contenidos habría llevado un periódico publicado en la primaveda puede resolverse de un día para otro y que sólo el tiempo nos dirá cuán trascendentes fueron los acontecimientos que hoy vivimos. En efecto, no podremos determinar ahora si la intervención de Estados Unidos en Venezuela haya sido lo mejor.
Cuando miramos los largos ciclos de las relaciones internacionales y entre los países que convivimos en nuestro continente, comprendemos que las crisis actuales son capítulos de una historia más amplia, no rupturas absolutas con el pasado.
Este ejercicio es relevante para contrarrestar el catastrofismo que suele proliferar en redes sociales y titulares sensacionalistas y nos invita a ponerlo en perspectiva. ¿Es realmente inédito que las grandes potencias intervengan en los asuntos de otros países, o es parte de una tradición histórica más amplia de imperialismo y dominio geopolítico? ¿ Es la polarización algo completamente nuevo, o un eco de los conflictos ideológicos desde, al menos, el siglo XX? Estas preguntas no justifican algunas acciones, menos si se trata de dictaduras o guerras, pero nos llevan a mirarlas con mayor distancia, lejos de la ansiedad del momento.
La historia nos muestra que lo que cambia con el tiempo son las formas -las tecnologías, los protagonistas, los discursosmás que los patrones de fondo; esos que parecen ser propios de las sociedades y de la naturaleza humana.
Pensar históricamente no significa minimizar el sufrimiento ni negar la urgencia de contar con soluciones políticas o humanitarias, pero sí puede ayudar a bajar el pánico, el ruido mediático y las reacciones intempestivas o descalificadoras que entorpecen la reflexión y la crítica sopesada. Los verdaderos cambios rara vez son instantáneos. La reconstrucción de un país en crisis, la consolidación de nuevos gobiernos y sistemas o la superación de antagonismos regionales toman años, incluso generaciones. La incertidumbre no es sinónimo de catástrofe inminente, sino un espacio donde la memoria, la reflexión y las lecciones del pasado pueden iluminar decisiones más prudentes.
Pensar históricamente no significa minimizar el sufrimiento ni negar la urgencia de contar con soluciones políticas o humanitarias, pero sí puede ayudar a bajar el pánico, el ruido mediático y las reacciones intempestivas o descalificadoras que entorpecen la reflexión y la crítica sopesada". Autor: María Gabriela Huidobro Salazar Doctora en Historia Académica de la Universidad Andrés Bello Decana Asociada EHE, Tecnológico de Monterrey.
Pensar históricamente no significa minimizar el sufrimiento ni negar la urgencia de contar con soluciones políticas o humanitarias, pero sí puede ayudar a bajar el pánico, el ruido mediático y las reacciones intempestivas o descalificadoras que entorpecen la reflexión y la crítica sopesada".