Autor: Paula Villegas Norambuena, Directora carreras Área Educación CFT Santo Tomás, Antofasta
Columnas de Opinión: La inclusión que declaramos y la exclusión que sostenemos
Columnas de Opinión: La inclusión que declaramos y la exclusión que sostenemos C Columna a educación inclusiva Len chile y en América Latina se ha instalado como un principio ampliamente compartido, pero no como una práctica sistemática. Esto ha generado una brecha evidente entre el discurso institucional y la experiencia real de niños, niñas y jóvenes. Esta tensión ha sido advertida por organismos como UNESCO y UNICEF, que coinciden en que el desafío actual ya no es normativo, sino operativo y cultural. Basta escuchar a docentes y equipos educativos para reconocer que las condiciones necesarias para una inclusión real aún están lejos de consolidarse.
Entonces, cabe preguntarse con honestidad: ¿ tenemos hoy un sistema verdaderamente inclusivo? Tuve la oportunidad de trabajar con una agrupación de niños, niñas y jóvenes con síndrome de Down, y en sus relatos aparecía una constante: "me he sentido no acogido", "me he sentido discriminado". No eran casos aislados, sino experiencias reiteradas que evidencian que la inclusión sigue siendo, muchas veces, una promesa incumplida. Nunca se ha hablado tanto de inclusión como hoy. Sin embargo, tampoco había sido tan evidente la distancia entre lo que declaramos y lo que ocurre en los espacios educativos y sociales. Porque inclusión no significa adaptar al estudiante a un sistema rígido, sino transformarlo para acoger la diversidad. Implica avanzar hacia la equidad, promover la participación y reconocer el valor de cada persona, resguardando sus derechos sin tensionarlos con los de otros. Solemos centrar la discusión en lo estructural: formación docente, sobrecarga laboral, falta de recursos y apoyos. Y aunque son aspectos clave, la inclusión no puede reducirse al sistema escolar. La educación no ocurre solo en la escuela. También se construye en las familias, en espacios comunitarios y en cada interacción cotidiana. Padres, madres, cuidadores, docentes y quienes participan en la formación de niños y niñas son agentes educativos. En esos espacios también se reproducen prácticas excluyentes: cuando se etiqueta, se baja la expectativa, se evita el desafío o se sobreprotege. Seguimos instalados en una lógica que individualiza el problema, enfocándonos en lo que "le falta al estudiante", en lugar de cuestionar las barreras del entorno. Como alguien dijo alguna vez: la discapacidad no está en la persona, sino en las barreras que enfrenta.
Más que preguntarnos si las normativas avanzan (que lo hacen), debemos cuestionar si nuestras prácticas, creencias y expectativas avanzan al mismo ritmo. ¿ Persisten prejuicios, temores o incomodidades frente a la diferencia? Avanzar hacia una educación inclusiva implica asumir que la diversidad es la norma. No es solo un desafío técnico, sino ético y relacional. Y exige que los adultos que educamos revisemos nuestras prácticas y desaprendamos formas tradicionales de relación. Porque no hay inclusión posible sin transformación del adulto que educa. 03 "Avanzar hacia una educación inclusiva implica asumir que la diversidad es la norma. No es solo un desafio técnico, sino ético y relacional. Y exige que los adultos que educamos revisemos nuestras prácticas y desaprendamos formas tradicionales de relación.
Porque no hay inclusión posible sin transformación del adulto que educa". Autor: Paula Villegas Norambuena, Directora carreras Área Educación CFT Santo Tomás, Antofasta. "Avanzar hacia una educación inclusiva implica asumir que la diversidad es la norma. No es solo un desafio técnico, sino ético y relacional. Y exige que los adultos que educamos revisemos nuestras prácticas y desaprendamos formas tradicionales de relación. Porque no hay inclusión posible sin transformación del adulto que educa".