Columnas de Opinión: Desarrollo tecnológico y productivo regional
Columnas de Opinión: Desarrollo tecnológico y productivo regional La rápida expansión de la inteligencia artificial y de las tecnologías avanzadas está cambiando la manera en que producimos, investigamos y tomamos decisiones. Como plantea la investigadora Kate Crawford, la tecnología nunca es neutra: siempre existe en un contexto humano, institucional y territorial que condiciona sus efectos.
Y es justamente ahí donde aparece una interrogante: ¿ estamos desarrollando las competencias que los territorios necesitan para ejecutar proyectos y tomar buenas decisiones? Durante varias décadas, la educación técnica y profesional ha estado centrada en enseñar a resolver problemas y manejar herramientas. Hoy, ese enfoque ya no basta. El filósofo Daniel Innerarity recuerda que lo decisivo no es la cantidad de información que tenemos, sino el juicio que aplicamos frente a sistemas capaces de procesar miles de opciones en segundos.
En un escenario donde la inteligencia artificial optimiza, calcula y propone soluciones con gran rapidez, el valor humano no está en llegar primero a las respuestas, sino en saber qué preguntar, cuándo intervenir y con qué criterio hacerlo. Este desafío se vuelve especialmente evidente en regiones donde hoy se instalan Hubs tecnológicos, Centros de innovación y Centros Tecnológicos de Economía Circular.
La creación de nuevos laboratorios vinculados a la tecnología, biotecnología y producción sostenible abre oportunidades enormes, pero también muestra una realidad en que muchos de estos proyectos requieren de un conocimiento local que todavía no existe o que es insuficiente. Lo mismo ocurre en el norte del país, donde la minería y la transición energética demandan capacidades que no siempre están disponibles. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) ha advertido que los territorios que dependen de capacidades externas suelen generar brechas estructurales. Es importante recordar que cada intervención social y tecnológica en un territorio genera un efecto dominó que impacta a las comunidades, a los ecosistemas y a las economías locales. El Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) lo han señalado: la adopción tecnológica sin formación humana adecuada no reduce brechas; muchas veces las amplía.
Por eso, formar capital humano hoy requiere algo más que enseñar herramientas: exige fomentar el pensamiento crítico, la capacidad de observación, la empatía territorial y la habilidad de entender profundamente y validar los problemas reales de las comunidades antes de intentar resolverlos. El desafío no es solo tecnológico sino que también educativo y cultural. No necesitamos más expertos que impongan soluciones, sino que necesitamos personas capaces de escuchar, de comprender contextos diversos y de decidir con conciencia el impacto que generan. Desarrollar esas competencias en el territorio es la única forma de que los proyectos públicos y privados realmente se traduzcan en desarrollo, productividad y bienestar.
En tiempos de inteligencia artificial, la pregunta no es cuánta tecnología podemos instalar en un territorio, sino si estamos formando las capacidades humanas que ese territorio necesita para desarrollarse con sentido, con responsabilidad, con impacto social y con visión de largo plazo.
SOFÍA MARTÍNEZ LARRAÍN Académica de la Facultad de Ingeniería Universidad del Desarrollo En tiempos de IA, la pregunta no es cuánta tecnología podemos instalar en un territorio, sino si estamos formando las capacidades humanas que ese territorio necesita para desarrollarse con sentido.. Opinión En tiempos de IA, la pregunta no es cuánta tecnología podemos instalar en un territorio, sino si estamos formando las capacidades humanas que ese territorio necesita para desarrollarse con sentido.