Cartas: Incendios: cuando la vocación suple al Estado
Cartas: Incendios: cuando la vocación suple al Estado Cada verano, Chile vuelve a enfrentar la misma tragedia: incendios que arrasan cerros, obligan a evacuar comunidades y dejan al límite a brigadas forestales y voluntarios de Bomberos. Las imágenes se repiten, y también los gestos de agradecimiento, los homenajes y los discursos sobre entrega y sacrificio. Pero el problema va más allá. No es solo que dependamos de Bomberos, es que lo hacemos porque como país no hemos hecho todo lo que podríamos antes de que el fuego comience. Los incendios en Chile no son una condena natural inevitable: se vuelven incontrolables por decisiones que no se tomaron a tiempo.
No solo influye el clima extremo; también pesan la falta de ordenamiento territorial, la expansión sin control entre lo rural y lo urbano, la escasa fiscalización, la poca prevención en los barrios y una respuesta pública descoordinada. Todo eso no nace el día del incendio, se arrastra por años. Aun así, seguimos relatando estas tragedias como si fueran obra del destino y no consecuencia de omisiones concretas. Y lo más frustrante es que sí existen herramientas para anticiparse: sensores, inteligencia artificial, modelos de predicción, planes de manejo forestal y experiencias comunitarias que han demostrado resultados. El conocimiento MARCO SUBERCASEAUX Académico del Magister en viviendas y barrios integrados, Universidad Andrés Bello está. Lo que falta es voluntad para actuar antes. Hoy el país funciona al revés: no prevenimos, reaccionamos. Solo cuando el fuego ya está fuera de control se activan todos los recursos. Y en ese momento, todo recae en Bomberos, quienes terminan asumiendo un rol que no les corresponde, cubriendo vacíos que deberían estar resueltos por el Estado. No solo apagan incendios; compensan la falta de planificación, regulación y prevención. Y eso no está bien. Ningún país debería poner su seguridad en manos de la pura vocación. La entrega de Bomberos es enorme, pero depender de ella revela una debilidad estructural. Un Estado serio invierte antes, legisla sin cámaras encima, regula aunque incomode y construye capacidades sin esperar la tragedia. Tal vez ya es hora de dejar de preguntarnos cuánto más necesitan los Bomberos -que claro que necesitan apoyoy empezar a preguntarnos por qué seguimos organizando todo como si fuera inevitable depender de ellos. Mientras no reconozcamos que la catástrofe también es nuestra responsabilidad, seguiremos aplaudiendo el coraje. .. pero postergando las soluciones..