Autor: Alejandro Kohler Vargas Ex alcalde de Panguipulli
Cartas: Escuelas públicas
Cartas: Escuelas públicas · El día a día en una escuela pública no se parece a lo que muestran las fotos oficiales, quizá se parezca más a nuestra sociedad y claramente no es solo pizarra y cuadernos. Es un engranaje donde lo pedagógico, lo administrativo y lo humano se entrelazan desde las 8 de la mañana.
El timbre llama a la acción, a las 7:45 ya hay profesores tomando asistencia de atrasos, auxiliares abriendo salas con filtraciones en invierno, y la encargada de UTP imprimiendo guías porque no llegó el papel la semana pasada. Si falta un profesor, hay que redistribuir 35 alumnos en 10 minutos. Ese primer movimiento marca toda la jornada.
La sala de clases es multitarea permanente, la profesora entra a pasar fracciones, pero antes resuelve que Jaime no tomó desayuno, que María pelea con su compañera en el WhatsApp; la jefa de UTP pide la lista de notas subida al sistema hoy. Se enseña, pero también se contiene, se media, se registra. Un bloque de 90 minutos rara vez es de 90 minutos de clase pura.
La burocracia se vive en los recreos, mientras los niños juegan, los profesores y profesoras de diferentes asignaturas y funciones, llenan informes de desarrollo personal, responden correos de la Superintendencia, actualizan el libro de clases, coordinan la entrega de la colación JUNAEB para que los alumnos más pequeños coman tranquilos y los mayores mantengan el orden.
Es en la hora del recreo cuando los profesores conversan con la asistente social o con la psicóloga, o se coordinan la profesora de educación diferencial o la jefatura si han detectado algún problema o necesidad especial de algún alumno o alumna. La escuela es más que escuela. En muchas comunas rurales de nuestra región, la escuela pública es el único espacio para un desayuno o almuerzo con calefacción, internet y agua caliente en invierno. Se usa para reuniones de junta de vecinos, vacunación, centro de votación, entrega de ayuda. Eso fortalece el vínculo con la comunidad, pero también sobrecarga al equipo. Lo que sostiene todo es la relación entre las personas.
La auxiliar que conoce a todos por su nombre; las manipuladoras que entregan con cariño las colaciones; el profesor que se queda 15 minutos dialogando con una apoderada; la directora que defiende a su equipo ante una fiscalización. El día a día es agotador, repetitivo y a veces frustrante. Pero también es el lugar donde un estudiante puede encontrar el primer adulto que cree en él. No es eficiente como una empresa privada, porque su objetivo no es producir, es formar. Y eso se hace lento, con paciencia y generosidad. Es la escuela pública la que asegura integración, asegurando movilidad social y abriendo camino a la educación técnica o universitaria. ¡ Ese es su valor, cuidémosla! cartasaldirector@australvaldivia.cl Autor: Alejandro Kohler Vargas Ex alcalde de Panguipulli.