Autor: Álvaro Ramis”
El diálogo inacabado con la tierra y la memoria
El diálogo inacabado con la tierra y la memoria Obituario de José Bengoa El diálogo inacabado con la tierra y la memoria por Álvaro Ramis* Con Con la muerte de José Bengoa, se dice ahora desde todos los frentes frentes culturales, termina una época. época. Pero según quién hable, lo que se despide es algo muy distinto.
Quienes Quienes nunca vieron en él más que a un antropólogo antropólogo perturbador, demasiadocomprometido perturbador, demasiadocomprometido con las causas indígenas y campesinas, lamentan ahora la desaparición del último gran intelectual orgánico, como si con él se extinguiera para siempre la figura del pensador pensador enraizado en la realidad.
Otros, en cambio, creen que su muerte señala el fin de una cierta manera de hacer historia, aquella que se atrevía a poner en el centro a los vencidos, vencidos, a los sin tierra, a los que la historiografía historiografía oficial había condenado al silencio. Los comentaristas políticos, por su parte, intuyen intuyen con alivio que su fallecimiento cierra un ciclo inquietante, aquel en que la academia academia y la militancia podían habitarun mismo cuerpo sin que ello pareciera escandaloso.
Un hecho brutal, la muerte, y tantas invocaciones invocaciones oportunistas de un fin de época que en realidad encubren lo único verdaderamente verdaderamente en juego: con José Bengoa desaparece desaparece el más radical de los intelectuales chilenos chilenos del último medio siglo, pero lo que se pone en ricsgo no es el prestigio de la antropología antropología nacional ni la memoria de la reforma reforma agraria, sino la continuidad de un cierto modo de escuchar: aquel que aprendió a hacer hacer hablara los que habian sido condenados al mutismo. Fue el propio mundo mapuche. con sus loncos y sus comunidades, el que muy temprano temprano reconoció en Bengoa a un heredero de su propia memoria. No porque él hubiera hubiera nacido en esas tierras ni porque 1 levara su sangre, sino porque supo convertir la escucha escucha en método y la escritura en restitución.
A diferencia de los etnógrafos que llegaban con las categorías ya puestas, Bengoa se formó formó en las tradiciones de la historia social y la filosofía de la liberación, pero fue aquel encuentro con los sobrevivientes del despojo despojo lo que le reveló la tarea de su vida: hacer hacer de la academia un lugar desde donde se pudiera devolver la palabra a los que habían sido desposeidos también de su pasado.
Como Como los dirigentes mapuche vieron en este joven antropólogo, llegado de Valparaíso. a algo ien que no se limitaría a hablar sobre ellos, sino que aprendería a hablar con ellos, en una lengua que no era la del puro saber sino la de la obligación ética.
La tensión que atraviesa toda la obra de Rengoa es, en el fondo, la misma que animó el pensamiento de los grandes críticos de la modernidad: ¿ cómo conciliar la exigencia exigencia de rigor científico con la urgencia de la transformación política? ¿ cómo pensar la historia sin caer en la tentación deconvertir deconvertir a los oprimidos en meros objetos, pero también sin reducirlos a una esencialidad que los congele en un pasado inmóvil? Bengoa Bengoa encontró su respuesta en un doble movimiento movimiento que nunca dejó de temarIo: de un lado, la herencia de la historiografia social francesa y del marxismo crítico, que leenseñaron leenseñaron a ver estructuras, clases, largas duraciones; duraciones; del otro, la escucha etnográfica, la inmersión en las comunidades, la apuesta por una antropología que no podía renunciar renunciar a la palabra del otro sin traicionarse a sí misma.
Esta tensión entre la estructura y el acontecimiento, entre la ley histórica y la voz singular, le dio a su escritura esa cuali dad tan característica; la de una erudición que nunca se desentiende del sufrimiento concreto. En Historia del pueblo mapuche, puhlicada puhlicada en 1985 en plena dictadura, logró un primer equilibrio magistral. Allí, por primera primera vez, la historia de Chile dejaba de ser narrada desde los centros de poder para ser reconstruida desde los márgenes de la resistencia. resistencia. El libro era, a la vez, una obra de historia social rigurosa y un acto dejusticia dejusticia simbólica. Bengoa mostraba allí cómo la modernidad chilena se había edificado sobre la exclusión sistemática de aquellos que, sin embargo, habían sido protagonistas centrales de su territorio.
Pero si en aquella obra inaugural el péndulo se inclinaba aún hacia la recuperación de la agencia histórica, histórica, en los años siguientes, con Historia social social delaagriculturachilena(1991)y sobre todo con La emergencia indígena en América América Latina (2000), Bengoa acentuó el otro ROlO: la necesidad de comprender los limites limites estructurales que cualquier acción emancipatoria debía enfrentar.
Fue entonces entonces cuando la herencia de la critica marxista, marxista, tamizada por el giro cultural, le permitió mostrar cómo el capitalismo había transformado transformado las relaciones campesinas y cómo los movimientos indígenas no eran un mero resabio resabio del pasado sino una respuesta moderna moderna a la colonial idad del presente. Pero el verdadero viraje, e] que marcaría marcaría su madurez, se produjo en la última década década de su vida.
Bengoa emprendió un retorno retorno a las formas narrativas más directas, casi orales, en sus Crónicas de la Araucanía(2019)yluegoen Araucanía(2019)yluegoen las Crónicas Amerindias Amerindias (2024). Allí, la tensión entre estructuray estructuray voz se resolvia de un modo nuevo: nu a través de la teoría sino de la crónica, no mediante mediante el concepto sino mediante la escena, Como si hubiera llegado a la convicción de que el diálogo con los suyos los campesinos, campesinos, los mapuche, los pobres del sur exigía exigía finalmente despojarse de las mediaciones mediaciones académicas para entregarse a la forma más antigua del saben el relato.
En esa última última fase, Bengoa parecía decirnos que toda la teoría había sido apenas un preludio para para aprender a contar bien una historia, para que quienes la habían vivido pudieran reconocerse reconocerse en ella sin la vergüenza de verse traducidos traducidos por otro.
Fue también en esos años cuando profundizó profundizó su relación con la Escuela Campesina Campesina de Curaco de Vélez, en C hiloé, como si la jubilación le hubiera devuelto la necesidad necesidad de estar en el territorio, de compartir la mesa y la palabra con quienes nunca hablan hablan pisado una universidad. Allí, lejos de los reflectores, completó su obra más íntima: íntima: la de la formación de nuevas generaciones generaciones de campesinos que aprendían a contar su propia historia.
Pero mucho antes, Bengoa había dado esa lucha como rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, una institución que encarnajustamente encarnajustamente aquella apuesta por un saber situado, situado, comprometido con los sectores populares populares y abierto a las ciencias sociales criticas.
En nuestra casa de estudios no solo formó a decenas de antropólogos que hoy trabajan enterritoriosindigenas, sino queconstruyó un espacio donde la universidad dejaba de ser un enclave para convertirse en un puente: puente: entre el saber académico y la memoria popular, entre la teoría yla práctica de la liberación. liberación.
Quienes lo conocieron saben que Bengoa mantuvo hasta el final un diálogo macabado con dos interlocutores ausentes: por un lado, con los loncos que lo habían iniciado en el conocimiento de la historia mapuche; por otro, con la figura del historiador Mario Mario Góngora, a quien admiró y combatió al mismo tiempo, porque representaba la tentación tentación de una historia nacional sin fisuras, sin los rostros concretos de los vencidos.
Ese diálogo con el maestro adversario fue el motor secreto de su obra: la necesidad de mostrar que la historia de Chile no podía escribirse sin incluir el despojo como hilo central, pero también sin caer en la épica de la victimización. Su apuesta fue más difícil: mostrar que los pueblos originarios y campesinos campesinos habían sido, pese a todo, sujetos de su propia historia. La tragedia intelectual de su muerte es que ese diálogo queda ahora trunco.
En sus últimos años, Bengoa había vuelto a preguntarse preguntarse por el lugar del campesinado en el Chile actual, por la relación entre autonomía autonomía indígena y proyecto nacional, por la necesidad de una nueva reforma agraria que esta vez partiera de la memoria y no solo de la economía Eran preguntas que nos había dejado como tarea Con él se va, ciertamente, ciertamente, una forma de entender la intelectualidad: no como el sacerdocio de las ideas puras, sino sino como el oficio de poner el saber al servicio servicio de quienes nunca han tenido voz.
Pero loque realmente peligra con su muerte es la continuidad deese gesto, tan frágil y tan necesario, necesario, que consiste en creer que la u niversidad niversidad puede estarala altura de la tierra, que la teoría puede hacerse cargo del dolor sin traicionarlo, que la historia puede ser escrita, escrita, por fin, como una deuda. Alguien dijo una vez, al despedir a un maestro, que con su muerte uno queda, intelectualmente, intelectualmente, completamente desnudo. Cuántas más razones tenemos nosotros para para decirlo hoy, los que todavia intentamos pensar desde el sur, con la memoria campesina campesina y la voz indígena aún resonando en los territorios que Bengoa habitó. Porque si algo algo nos enseñó es que pensar no es otra cosa que aprender a escuchar. Y ahora, con él, la escucha se vuelve más difícil. Pero también, tal vez, más urgente. Recior de la Universidad Academia de Humanisma cristiano.