Editorial: Chillán llega tarde
Editorial: Chillán llega tarde a congestión vehicular dejó hace tiempo de ser un problema ocasional en Chillán. Hoy es parte de la rutina diaria de miles de familias que viven en sectores donde la ciudad creció mucho más rápido que su infraestructura vial.
Alonso de Ercilla, Vicente Méndez L y Parque Lantaño son quizás las expresiones más evidentes de una capital regional que expandió sostenidamente su superficie urbana, multiplicó proyectos habitacionales y aumentó su parque automotriz, pero que sigue esperando obras estructurales que fueron diagnosticadas hace más de una década. Lo más preocupante es que las soluciones existen. Están diseñadas, contempladas en el Plan Maestro de Transportes y definidas hace años como prioritarias. Sin embargo, continúan atrapadas entre la burocracia, los procesos administrativos interminables y, ahora, las restricciones presupuestarias. Mientras los proyectos avanzan lentamente en estudios, diseños o etapas preliminares, la realidad en las calles empeora. Las familias deben salir cada vez más temprano para evitar tacos que duplican los tiempos de traslado. Viajes de 15 0 20 minutos se transforman fácilmente en recorridos de 40 minutos o más en horarios punta. Y detrás de esa pérdida de tiempo hay también un deterioro evidente de la calidad de vida. No se trata únicamente de congestión. Son padres y madres que deben reorganizar completamente sus rutinas para llegar a tiempo al colegio o al trabajo. De niños que pasan más tiempo en automóviles que en sus hogares. De estrés, contaminación, inseguridad vial y desgaste cotidiano. Chillán comienza a enfrentar problemas propios de ciudades mucho más grandes, pero sin contar aún con la infraestructura necesaria para responder. En Alonso de Ercilla, el crecimiento hacia el sector oriente y camino a Las Mariposas convirtió a esa avenida en una arteria crítica para miles de personas. El eje de Accesibilidad Sur Oriente, que contempla ampliaciones, doble calzada y mejor conectividad, debió haberse ejecutado hace años. Sin embargo, sigue estancado entre observaciones técnicas y falta de financiamiento. Mientras tanto, el sector continúa sumando viviendas, colegios y flujo vehicular. La situación en Vicente Méndez tampoco admite más demora. La saturación diaria del corredor hacia camino a Coihueco refleja el desfase entre el desarrollo inmobiliario y la capacidad vial existente. El proyecto Vicente Méndez-Paul Harris-Andrés Bello aparece como una intervención indispensable para evitar el colapso definitivo del sector. Sin embargo, permanece en etapas preliminares pese a que la presión urbana aumenta año tras año. Y el escenario amenaza con agravarse aún más. La instalación de nuevos recintos comerciales tanto en Vicente Méndez como en Alonso de Ercilla añadirá miles de desplazamientos adicionales a vías que hoy ya operan al límite de su capacidad. En Parque Lantaño, la situación es igualmente compleja. El crecimiento explosivo de departamentos y conjuntos habitacionales ha tensionado una red vial insuficiente, agravada además por el paso ferroviario y la falta de conexiones alternativas eficientes hacia el resto de la ciudad. Los propios vecinos advierten que los futuros proyectos inmobiliarios empeorarán todavía más el problema si no se generan nuevos accesos y aperturas viales. El riesgo es evidente: Chillán está llegando tarde a resolver problemas que fueron anticipados hace años. Y mientras más se posterguen las soluciones, más costosas, complejas e insuficientes terminarán siendo. Resulta legítimo que hoy existan otras urgencias regionales, como la reconstrucción habitacional tras los incendios.
Pero eso no puede transformarse en una justificación permanente para seguir aplazando proyectos estratégicos para el funcionamiento futuro de la capital regional.. El riesgo es evidente: Chillán está llegando tarde a resolver problemas que fueron anticipados hace años. Y mientras más se posterguen las soluciones, más costosas, complejas e insuficientes terminarán siendo. Resulta legítimo que hoy existan otras urgencias regionales, como la reconstrucción habitacional tras los incendios. Pero eso no puede transformarse en una justificación permanente para seguir aplazando proyectos estratégicos para el funcionamiento futuro de la capital regional. EDITORIAL