Autor: Jorge Valderrama Gutiérrez
El motín de Talca de 1827
El motín de Talca de 1827 urante la Guerra de Independencia, en más de una ocasión el atraso en el pago de los sueldos a la tropa estuvo a punto D de generar una derrota militar o un "distanciamiento" de los propósitos revolucionarios o monárquicos, según fuera el caso. Por tanto, no es de extrañar que el temor de un motín debido a esa causa, fuese una permanente preocupación para oficiales superiores y autoridades civiles. Si los soldados no recibían su paga, se extinguía la llama que denominaban patriotismo, lealtad, valentía, disciplina. .. y de muchas otras maneras.
Pugna entre Concepción y Santiago Al respecto, el 7 de marzo de 1812 la Junta de Gobierno de Santiago, controlada por el coronel José Miguel Carrera, envió a Talca al Regimiento Granaderos, integrado por 900 soldados y 200 milicianos de caballería, al mando del brigadier Juan José Carrera, con el fin de impedir el avance de tropas penquistas a la capital comandadas por el brigadier Juan Martínez de Rozas.
Asimismo, el 18 de abril del mismo año el general Carrera salió de Santiago -investido de amplios poderes y con su amigo Manuel Rodríguez rumbo a Talca, con una escolta de tropas de caballería, despachando el 25 de ese mes a un ayudante rumbo a Concepción con documentos para Rozas, en los que anunciaba que todo se zanjaría si ambos celebraban una conferencia en Talca, para lo cual la Junta de Gobierno penquista se trasladó desde Concepción hasta Linares escoltada por Rozas, quien avanzaba rumbo a la ribera del Maule con mil soldados de línea (Dragones de la Frontera) y 7 mil milicianos.
Dicho ejército instaló su cuartel general en Linares, y Rozas, premunido de plenos poderes para negociar, pasó el río Maule con un reducido séquito a la orilla opuesta donde le esperaba CarreEn julio de aquel año, recién asumido el Presidente Francisco Antonio Pinto, efectivos del Escuadrón de Cazadores, liderados por algunos sargentos y cabos, se sublevaron en el convento de San Agustín de Talca ra, en la casa de un hacendado maulino apellidado Álvarez.
El general Carrera escribió en su Diario Militar que "a fines de abril del mismo año (1812) fui comisionado a Talca por el Gobierno con plenos poderes para transar con Rozas, jefe de las tropas enemigas, todas las desavenencias amistosamente. Muy pronto llegué a aquel destino. Rozas estaba al otro lado del Maule y lo provoqué a una entrevista que se verificó al sur del mismo río. Retiré a Talca todas mis guardias, y lo esperé en las orillas del río con cuatro oficiales y tres ordenanzas". Ambos líderes, que no se conocían, se mostraron reconciliados y comieron en la misma mesa.
Estaban de acuerdo en las ventajas de la unión de todas las provincias, pero llegado a la palestra las bases del arreglo, Carrera evitó respuestas explícitas y se limitó a invitar a su rival a otra conferencia a celebrarse en Talca, lo que Rozas aceptó, comunicándole a sus oficiales su intención de ir a Talca a celebrar una nueva conferencia, los que se opusieron enérgicamente, pues estaban convencidos que Carrera les estaba tendiendo una celada para "descabezar" la revolución. Finalmente, Carrera propuso a su rival que las tropas acantonadas a orillas del Maule regresaran a sus cuarteles respectivos, lo que fue aceptado.
Al respecto, Rozas consignó: ". .. don José Miguel Carrera y yo hemos quedado en Talca y Linares para seguir la negociación que reponga la tranquilidad, el orden y la unión". Empero, el descontento del Ejército penquista por no recibir sus pagos correspondientes, quebraría la fidelidad hacia Juan Martínez de Rozas.
Un Ejército sin sueldo, que se pagaba desde Santiago, generó un motín que culminó con la entrega de Rozas a Carrera, quien lo desterró el 12 de enero de 1812 a su ciudad natal, Mendoza, donde falleció en 1813.
Fue el epílogo para Juan Martínez de Rozas, nombrado por el mismo Carrera representante de Concepción en 1811, y el pináculo del capitán de húsares, quien obtuvo en Talca su hegemonía y quedó dueño del país. Anarquía entre 1823-1831 Posterior a la Declaración y Jura de la Independencia de Chile, la precariedad de la incipiente República se evidenció en la cantidad de gobiernos que se sucedieron en poco tiempo. Así, según diversos autores entre enero de 1823 y marzo de 1831 existieron treinta y uno. Coincidente, por lo demás, con la opinión de numerosos historiadores que han considerado que el período comprendido entre 1823-29 fue de anarquía. Y, a modo de ejemplo, señalan los gobiernos de Ramón Freire (1823-1826) y el de Francisco Antonio Pinto (1827-1829). De esa manera, en aquellos "revoltoAutor: Jorge Valderrama Gutiérrez. La somnolienta Villa San Agustín de Talca sufrió en 1827 uno de los grandes motines del período republicano de la primera mitad del siglo XIX. Evocador óleo sobre tela de Pedro Lira: "Atardecer. Escena de pueblo". Colección privada del señor Canata. Cañón de época que se exhibe en el Museo de la Escuela Militar del General Bernardo O'Higgins. Recreación artística atribuible al motín de Talca de 1827. Revista Zigzag de 1910. Recreación artística atribuible al motín de Talca de 1827. Revista Zigzag de 1910. Gentes de Chile. Acuarela de Giast. El motín de Talca de 1827 3 sos" nueve años se promulgaron dos constituciones: la moralista de 1823 y la liberal de 1828, además del llamado Ensayo Federal de 1826.
No obstante, el contexto político preciso fue la vigencia de las leyes federales, sistema liderado por don José Miguel Infante Rojas (1778-1844). Federalismo que consistió en la dictación de un conjunto de leyes entre julio y agosto de 1826. Así, el 14 de julio la primera de ellas estableció el Sistema Federal para Chile; y la última creó asambleas legislativas (o provinciales) en cada una de las provincias del país. Todo ello, "circunscrito" en una grave crisis fiscal y en una fuerte lucha contra bandas de malhechores pro-realistas, como la de los Pincheira.
Sin embargo, en Talca las tropas que mayoritariamente regresaban del sur tras su campaña contra los montoneros, como los Pincheira, "eran completamente extrañas a estas perturbaciones políticas y nada hacía temer acto alguno de insurrección" (Barros Arana, 1890). No obstante, durante el Gobierno de Francisco Antonio Pinto, a los males anteriores se sumó que la tropa se encontraba mal pagada y desmoralizada, debido al contexto de general inestabilidad que provocaban "oficiales turbulentos y revoltosos", protagonistas de reiterados y escandalosos motines.
En ese contexto, el precedentemente citado historiador Diego Barros Arana, en su Historia General de Chile, escribió: "La noche del 21 de julio, a las tres de la madrugada, los soldados del Escuadrón de Cazadores, liderados por algunos sargentos y cabos, se sublevaron en el convento de San Agustín de Talca que hacía las veces de cuartel.
Apresaron a los oficiales que dormían en él, se apoderaron de la guardia de la cárcel y del depósito de armas que allí había, y tomaron, además, como prisioneros a otros oficiales que vivían en la ciudad" (Barros Arana, 1890). Corroboraron esa acción dos partes militares: uno del Comandante Manuel Urquizo; y el oficio del Gobernador de Talca, don Juan Nepomuceno de la Cruz, los que se transcribieron en el periódico "La Clave" del 1 de agosto de 1827, además de ser tratados por periódicos de la época, como "El Verdadero Liberal" de Santiago. Igualmente, las fuentes históricas mencionadas ut supra coinciden en que ese motín tuvo como causa inmediata el atraso en el pago de los sueldos de la tropa.
Una vez desencadenados los acontecimientos, la primera medida fue hacerlos desistir de su posición, para lo cual el Comandante Manuel Urquizo se apersonó en su cuartel, pidiendo hablar con quien lideraba la insurrección, siendo llevado a presencia del cabo de la 1ª Bernardo Pérez, quien comandaba la revuelta, junto a Pablo Arriagada y Rosauro Muñoz.
“(Pérez) Salió al frente, y hécholes por mí los cargos del buen trato (. .. ) se me contestó que todo era muy cierto, pero que carecían absolutamente de sus pagos, que se hallaban debiendo en el pueblo, que no tenían lo necesario de sus vicios, y que precisamente antes de deponer las armas habían aer completamente ajustados" (Sesiones de los Cuerpos Legislativos). El oficial les expresó que el Gobierno no podía hacer más que lo que hacía, que había recibido vestuario, y que "trescientos y más pesos se me habían suplido a crédito en el pueblo para socorrerles seis días antes; que se esperaba al oficial conductor de caudales. .. ", haciéndoles otras infinitas reflexiones que el cabo le rebatía o simplemente despreciaba. Finalmente acordaron que si le daba cuatro pesos a cada uno, terminarían su asonada. El comandante se dirigió al Ilustre Cabildo y a la Asamblea para que definieran de dónde sacarían ese dinero.
En ese tenor, el siguiente informe (resumido) del Gobernador de Talca, Juan Nepomuceno Cruz, confirmó que el motín se generó únicamente por el problema económico narrado. "Bien avenido con los cuerpos militares estacionados en su centro, el Batallón Chacabuco y el Escuadrón Cazadores a Caballo, en el mejor orden y tranquilidad pública, seguros de hostilidades en razón de la estación en que nos a cubierto de Pincheira y sus acólitos: entregados al reposo que los mismos militares lograban para desahogo de sus fatigas y trabajos consiguientes a la anterior campaña; entonces es que el antedicho Cuerpo de Cazadores forja, sin que por otros se trascienda, un proyecto de sublevarse escandalosamente en esta plaza, como lo verificó el día 21 del que rige a pretexto de no estar pagados mucho tiempo ha de sus sueldos y exigiendo sus ajustes de las existencias que suponían en esta tesorería y administración, o en caso de que con tales fondos no alcanzaren apagarse, lo verificara el pueblo bajo el más serio apercibimiento de un saqueo" (Sesiones de los Cuerpos Legislativos). Bajo aquellas amenazantes exigencias, resultaba lógico que el incidente solo se podría resolver por la vía armada. Urquizo acordó en Junta de Guerra repeler a los insurgentes con el Batallón Chacabuco y las milicias que pudiera reunir. Así, los sublevados se atrincheraron en la guardia de la cárcel y en el cuartel, defendiéndose con pertinacia.
Urquizo dio cuenta con detalles sobre el enfrentamiento armado con los amotinados en el parte del día 23, destacando que "la intrepidez del teniente Barraza hizo rendirse por la fuerza a la citada guardia (de la cárcel) a pesar de haberse sostenido con vivo fuego" (Sesiones de los Cuerpos Legislativos). Fue repelido por el Batallón Chacabuco y el Cuerpo de Nacionales, al mando del teniente Barraza y el Teniente Coronel don Manuel Urquizo.
Las causas fácticas de esa insurrección -denominada Motín de Talca de 1827-, no solamente fueron el atraso en los pagos de la tropa, sino que incidió también el desorden político existente en el país, lo que el periódico "El Verdadero Liberal" del 31 de julio de ese año acentuó. En síntesis, fue un conflicto básicamente "gremial", originado en el no pago de sueldos en forma oportuna.
Pese a tratarse de un evento específico, por tanto, no necesariamente representativo de todas las sublevaciones militares del periodo 1823-1829, da cuenta de un tiempo de gran inestabilidad política, aunque de corta duración y no extremadamente cruenta.
En las elecciones del 13 de febrero de 1827, para el período 1827-1832, fue electo Presidente el general Ramón Freire, quien poco después renunció en el Vicepresidente Francisco Antonio Pinto -en la gráfica-, quien gobernó hasta el 2 de noviembre de 1829. Autor: Jorge Valderrama Gutiérrez.
En las elecciones del 13 de febrero de 1827, para el período 1827-1832, fue electo Presidente el general Ramón Freire, quien poco después renunció en el Vicepresidente Francisco Antonio Pinto -en la gráfica-, quien gobernó hasta el 2 de noviembre de 1829.