Concorde inicia sus vuelos
Concorde inicia sus vuelos ELMERCURIOHACE 5 0 AÑOS “La velocidad de los aviones supersónicos acerca al mundo en términos asombrosos.
Seis horas bastan para volar de París a Río de Janeiro y poco más de cuatro para cubrir la distancia entre Londres y Bahrein, en el Golfo Pérsico”, consignaba “El Mercurio” el 23 de enero de 1976. Efectivamente, dos días antes, con el vuelo simultáneo del Concorde francés y su unidad gemela británica, comenzaba una nueva era del transporte aéreo comercial. Su rapidez (mayor a la velocidad de rotación de la Tierra) convertía al nuevo tipo de avión en el vehículo del futuro, pues reduciría notablemente los tiempos normales de un vuelo.
“Las torres de control de los aeropuertos de Heathrow (Londres) y Roissy (París) sincronizaron sus operaciones de tal manera que los telespectadores pudieran ver en directo el despegue de los dos supersónicos en el mismo segundo de la histórica jornada para la aviación”, informaba el diario.
Se añadía que tanto la aeronave de la British Airways como la de Air France llevaban a bordo a un centenar de pasajeros de honor, quienes no pagaron el pasaje que costaba un 25 por ciento más que un ticket en primera clase de un avión normal. A los pocos minutos de vuelo, ambos aparatos lograron la velocidad de 2.400 kilómetros por hora, dos veces la velocidad del sonido. La construcción del Concorde había sido posible gracias a la tenacidad de la cooperación franco-británica. En numerosas oportunidades la tarea quedó interrumpida por falta de recursos británicos, desacuerdos franceses y la inevitable inseguridad respecto a su porvenir. Pero luego de dos exitosos vuelos exploratorios (en 1974), la marca ingresaba, finalmente, en la gran competencia cotidiana del transporte comercial aéreo. No obstante la euforia que constituía la proeza técnica, la prensa también daba a conocer a los detractores del Concorde. Algunos creían que los gastos estaban en desproporción con las eventuales ganancias. “En lugar de transportar más gente más de prisa a más bajo costos, el Concorde transporta menos gente más rápidamente a mayores gastos”, apuntaba un editorial del Times.
Otros pensaban que el tiempo que se ahorraba en los viajes compensaría su alto costo, pues hacía mucho más breves las estadías en ciudades terminales y permitiría, a la vez, aprovechar más rentablemente los desplazamientos por negocios. Lo cierto es que los aviones Concorde dejaron de operar en 2003, tres años después de un fatal accidente y unos costes que no podían asumirse en un mundo que caminaba hacia la sostenibilidad..