Autor: BANYELIZ MUÑOZ
Detalles de la reforma de una casona neoclásica francesa en Barrio Brasil
Detalles de la reforma de una casona neoclásica francesa en Barrio Brasil n pleno Barrio Brasil, una casona con sello neoclásico francés que alguna vez perteneció a una influyente familia recuperó su esplendor tras un proceso de restauración que la transformó en un hotel de alto nivel.
La obra fue diseñada en 1912 por los arquitectos Ricardo Larraín Bravo y Alberto Cruz Montt, responsables de edificios emblemáticos como el Palacio Íñiguez, el Palacio Astoreca, el Palacio Ariztía, el Palacio Irarrázaval y el Club de La Unión.
Se concibió para la familia de Luis González Edwards y Virginia Balmaceda Zañartu (sobrina del presidente José Manuel Balmaceda). Hacia el año 2000, el inmueble de calle Agustinas operaba como una residencial, con habitaciones en arriendo mensual para estudiantes y jóvenes profesionales. Al reconocer el valor arquitectónico y la ubicación estratégica de la casona, la arquitecta chilena Tatiana Géldrez Sandoval (55) y su esposo australiano, Simon Shalders (58), decidieron adquirirla con la intención de reconvertirla. A pocos metros, la pareja ya contaba con un proyecto en marcha: La Casa Roja, un hostal que abrió sus puertas en 2002 y que rápidamente se posicionó entre viajeros jóvenes. En un inicio, la idea fue replicar ese formato para aprovechar la experiencia acumulada y el flujo constante de huéspedes. Sin embargo, captaron que tenían cubierto el segmento juvenil y migraron hacia un perfil más exigente, interesado en propuestas de mayor estándar. En ese escenario, la aparición de la propiedad en el mercado abrió una oportunidad difícil de ignorar. Además, el valor histórico y patrimonial del inmueble inclinó la balanza. "Rescatar el patrimonio es algo que valoro mucho. Vi quiénes habían construido la casa, que eran arquitectos súper destacados de la época, y decidimos comprarla", relata Géldrez. La propiedad consta de 1.015 metros cuadrados distribuidos en tres niveles, la altura de sus pisos equivale a lo que hoy podría desarrollarse en cinco. El primer nivel alcanza los 4,85 metros; el segundo, 3,85 ; y el tercero, 3,65, proporciones que reflejan la arquitectura de otra época.
La reforma Aunque la casona que hoy aloja al hotel Matildas se encontraba en buen estado, fue necesario emprender una obra integral y de largo aliento para adecuarla a su nuevo destino. "La estructura de la madera estaba firme. Los cambios fueron estéticos y funcionales. Trabajamos cerca de cuatro años y medio en la renovación", explica la propietaria. Concebida para una familia de cinco integrantes, se requirió un plan maestro que FOTOS: CEDIDAS reorganizara sus espacios. Hoy cuenta con 17 habitaciones, cada una con baño privado. En el primer piso se concentraban los espacios públicos de la vivienda original. Allí se ubicaban la sala de estar, orientada hacia la calle Agustinas, el salón principal y la oficina del propietario. "En ese entonces, esa calle era muy importante porque conectaba con La Moneda. Solía transitar gente ilustre por el sector", recuerda. Hacia la parte posterior se encontraba la sala de costura, destinada a la dueña de casa. El segundo nivel, en tanto, albergaba los dormitorios, mientras que en el tercero se situaban las cocinas. Todos estos espacios fueron reorganizados con un criterio de conservación. "Reacomodamos todo, pero procuramos mantener la arquitectura lo más intacta posible. Si bien la propiedad es de resguardo patrimonial, no tiene ninguna cosa que impida hacer modificaciones. Pero nosotros la mantuvimos", afirma. En paralelo, la fachada se abordó con especial cuidado. Si bien no implicó intervenciones estructurales, sí demandó un trabajo minucioso. "Fue una labor más bien cosmética. Hubo que lijar, retirar elementos dañados y rehacer decoraciones; algunas figuras estaban rotas. El año pasado, además, volvimos a pintar", comenta. Otro aspecto relevante fue la modernización de las ventanas. Aunque se conservaron las estructuras originales, se incorporaron soluciones para mejorar el confort. "Instalamos termopaneles por el ruido de los autos durante la noche. A los huéspedes alemanes, sobre todo los que dan hacia la calle, les incomoda. No dejamos ningún vidrio simple; todos son termopaneles pequeños diseñados a medida", precisa. Se renovaron los sistemas eléctricos y de gasfitería, además de trasladar la cocina al primer piso. A ello se sumó la instalación de calefacción central mediante radiadores. "La casa no tenía calefacción. En ese tiempo se utilizaban braseros", explica. Autor: BANYELIZ MUÑOZ. El inmueble se distribuye en tres niveles cuyas alturas hoy equivaldrían a un edificio de casi cinco pisos. El primero alcanza los 4,85 metros. Tatiana Géldrez, arquitecta y dueña del inmueble, dice que agregaron hasta calefacción Los vidrios monolíticos se reemplazaron por termopaneles a medida. El primer piso tiene 4,85 metros de alto. La fachada fue restaurada con lijas. Se reconstruyeron piezas faltantes. La fachada fue restaurada con lijas. Se reconstruyeron piezas faltantes.