A seis años de la pandemia del Covid-19: operaciones complejas en la emergencia sanitaria
A seis años de la pandemia del Covid-19: operaciones complejas en la emergencia sanitaria M ientras muchos estaban confinados, otros se levantaron con coraje y dedicación, realizando una labor fundamental que las sombras del olvido amenazaban con ocultar en la memoria colectiva. Declarada la pandemia y comenzando los primeros confinamientos, una serie de acciones valientes fueron sucediendo en nuestra región. Muchas de ellas pasaron desapercibidas, sepultadas por el paso del tiempo o ignoradas por un inconsciente colectivo que, sin querer, las borraba de la memoria. Fue así como actos de heroísmo cotidiano quedaron en las sombras, esperando ser reconocidos. Desplegados los controles sanitarios, el personal de salud y Fuerzas Armadas y Carabineros, junto a organismos públicos y privados, se unieron en un esfuerzo monumental y sin precedentes en nuestra historia. Fue un sacrificio colectivo donde cada mano extendida, cada vela encendida frente al dolor, cada acción realizada en la primera línea de batalla contra una enfermedad invisible, reflejó el corazón más noble de nuestra sociedad.
La entrega de alimentos para familias vulnerables, los catastros realizados, los traslados de insumos médicos, los controles sanitarios y el mantenimiento de cadenas logísticas pareció ser un sistema frágil, constantemente al borde del colapso, listo para ceder ante cualquier embate. Sin embargo, nuestros héroes civiles y militares se negaron a permitir que cayera.
La conexión marítima era la arteria vital de abastecimiento para la Región de Magallanes y Antártica Chilena, y como guardianes infatigables, cada marinero, cada logístico, cada trabajador esencial, defendió cada carga que traería esperanza a los nuestros. Sin embargo, el sistema terrestre aunque interrumpido siguió siendo importante, al igual que la conexión aérea, en un contexto mundial en donde los aviones se mantenían "dormidos" en las principales ciudades del mundo. La actividad portuaria, como todas las actividades humanas, sintió el peso despiadado de la pandemia. Turnos completos se desvanecían lentamente conforme el virus avanzaba sin piedad. Pero nuestros trabajadores portuarios, con una determinación inquebrantable, se negaron a que el puerto se durmiera. Aunque mermados, aunque asustados, aunque expuestos a un riesgo invisible, mantuvieron la actividad en niveles que permitieron que el corazón económico de la región siguiera latiendo. Cada contenedor movido, cada barco atendido, cada tarea cumplida, fue un acto de sacrificio silencioso que hizo fluir la vida a través de nuestras aguas. La autoridad marítima desarrolló un despliegue constante, en donde las Gobernaciones Marítimas y Capitanías de Puerto realizaron un trabajo fundamental, modernizándose hacia la digitalización de procesos y favoreciendo el dinamismo portuario.
De igual manera, mantuvieron control sanitarios junto a los servicios de salud, manteniendo los procesos de fiscalización y control marítimo, incluso en centros de cultivos cumpliendo estrictos protocolos de salud, es de esta manera que "la actividad marítima no se detiene y nosotros tampoco" paso a ser una consigna de servicio y entrega para las mujeres y hombres "bravos del Litoral de la Armada de Chile", operando a través "FUERTE ES EL MAR Y EL CORAZÓN ES FUERTE". UNA HISTORIA QUE CAMBIÓ VIDAS "FUERTE ES EL MAR Y EL CORAZÓN ES FUERTE" A seis años de la pandemia del Covid-19: operaciones complejas en la emergencia sanitaria de las Lanchas de Servicio General y Lanchas de Policía Marítima, en diversas operaciones de búsqueda y salvamento, evacuaciones médicas, en donde la pandemia también fue requiriendo zonas de aislamiento y la atención de los pacientes.
La Marina Mercante Nacional jugó un rol épico e imprescindible en el abastecimiento nacional, con barcos que surcaron nuestras aguas como mensajeros de salvación, siguiendo "El Copihue" y "El Condor" recalando en Punta Arenas, transportando no solo productos y medicinas sino también esperanza rebosante para una región que sangraba bajo el peso devastador golpeada por los índices de contagios y muertes. Su tarea silenciosa, casi anónima, fue hecha sin esperar reconocimiento pero con la certeza de que cada viaje era una misión de vida. Hoy reconocemos que su acción fue tremendamente significativa, decisiva, heroica en beneficio de tremendamente significativa en beneficio de una población que muchas veces nunca supo de esta vital acción.
En Puerto Williams, la más austral de nuestras ciudades, el servicio de conectividad no solo se mantuvo, sino que fue potenciado heroicamente por unidades de la Armada de Chile como la Barcaza "Elicura", la cual se convirtió en un símbolo de solidaridad, brindando sostenimiento logístico a la ciudad más al sur del mundo, al igual que otras localidades de nuestra región, Con su valiosa carga, recalaba en una de las primeras comunas que fue azotada de nuestro país que por el confinamiento, llevando no solo provisiones, sino la certeza de que no estaban solos. "SURCANDO LOS CIELOS AUSTRALES" La actividad aérea fue una de las más afectadas, especialmente considerando las necesidad de protocolos sanitarios especiales, lo cual fue afectando tanto la frecuencia de vuelos como también de pasajeros, quienes tenían que cumplir con el "Pasaporte Sanitario" respectivo, el cual contaba con una vigencia limitada.
En los primeros meses desesperados de la pandemia, cuando la gravedad de la situación se tornó insoportable, comenzamos a escuchar historias que partían el corazón: nuestros magallánicos eran trasladados urgentemente a la Región Metropolitana en busca de esperanza. Cada evacuación era un acto de fe, un último intento por salvar vidas. Lamentablemente no todos regresaron. Algunos de ellos se quedaron en tierras lejanas, dejando vacíos que jamás serán llenados. Su recuerdo permanece, y permanece también el gratitud hacia quienes los transportaron en sus últimas horas. Las Fuerzas Armadas y Carabineros cumplieron un rol fundamental, heroico e indispensable, realizando labores de transporte que salvaban vidas y apoyo sanitario que traía esperanza. Pero su sacrificio fue mayor: desplegados en las calles, expuestos al enemigo invisible, se vieron enfrentados al contagio en el marco de estas operaciones complejas y peligrosas. Carabineros de Chile en el área de Puerto Montt experimentó una pérdida que ilustra el costo real de esta batalla: un servidor policial contagiado que, mientras cumplía sus funciones de protección, pagó el precio máximo. Su muerte no fue vano: representa el coraje de quienes, conociendo el riesgo, se pusieron al servicio de la comunidad.
En el área austral el entonces teniente coronel Rodrigo Bravo, piloto del Ejército de Chile, reflexiona hoy con la claridad que dan los años, "es profundamente interesante analizar las operaciones militares efectuadas durante la pandemia del Covid-19, porque cada tarea, cada misión, se planificaba y realizaba en el instante, trabajando con una información fragmentada y con medios asombrosamente limitados.
Esto es testimonio viviente de una instrucción robusta y el extraordinario entrenamiento que poseen nuestras fuerzas armadas, quienes dieron todo de sí sin importar las limitaciones". Señala Bravo que "durante los 18 meses de Estado de Excepción Constitucional de catástrofe, el Pelotón de Aviación de Ejército realizó cientos de operaciones aéreas en la zona austral, con evacuaciones aeromédicas, traslados de insumos, muestras y de personal de apoyo dentro y fuera de la región de Magallanes". Destaca con orgullo "Mi experiencia en la pandemia, como piloto del avión CASA-212 del Ejército de Chile, fue la puesta en práctica de todos los valores y principios que desde muy jóvenes aprendemos en nuestras instituciones, como es el sentido del deber, la templanza y en especial el patriotismo, ya que cada uno de esos vuelos fueron misiones encomendadas para la protección y cuidado de nuestros compatriotas", mientras su voz es interrumpida por un nudo en su garganta. TRABAJO COLABORATIVO E INTERAGENCIAL Distintas instituciones y organizaciones, venciendo diferencias y competencias, se unieron en una red solidaria que demostró lo más noble y lo más hermoso de nuestro ser como comunidad. A pesar de los momentos desesperantes que estábamos viviendo, juntos revelamos que el espíritu humano, cuando se dedica al servicio de otros, es capaz de milagros.
El doctor Alejandro Altamirano, presidente de la Fundación Hernando de Magallanes, recuerda que "lo que se hizo durante la pandemia fue un trabajo colaborativo e interinstitucional entre Servicio de Salud, nuestra fundación y Seremi de Salud. Lo que nosotros hicimos fue recoger las solicitudes que requerían respuesta urgente de parte de salud y brindar el apoyo a la comunidad con el financiamiento del Gobierno Regional.
Eso se plasmó en proyectos dotados de equipos profesionales que tomaron PCR a domicilio, en la comunidad, en instituciones, etc. " Altamirano recuerda que "también hicimos el seguimiento domiciliario a pacientes que eran más graves, e incluso que vivían alejados de la ciudad. Se hacía lo que se denominaba en esa época Plan TTA, que era la sigla que ocupaba el Ministerio de Salud para el testeo, trazabilidad y aislamiento de casos. Este era un protocolo para el Covid-19 que se implementó a nivel nacional, donde hubo plazos para las llamadas, urgencia para desplazar a la personas contagiadas a residencias sanitarias, etc.
Entonces, nuestros equipos apoyaban en la implementación del plan TTA, desde la primera llamada telefónica de notificación frente a un caso positivo a la coordinación vía telefónica con el afectado para, por ejemplo, su derivación a una residencia sanitaria", recuerda desde la experiencia de la Fundación Hernando de Magallanes. Altamirano señala que "el seguimiento telefónico se realizaba hasta finalmente cuando le daban el alta. Las visitas domiciliarias, la toma de las PCR nasofaríngeas y las barreras sanitarias en el aeropuerto, que tenían turno diurno y turno nocturno también.
Estos centros tipo call center donde se implementó el TTA, estuvieron bajo la supervisión de Seremi de Salud y existieron en varios puntos de la ciudad y fueron grandes grupos de tres personas, 20 45 personas, se habilitó con celulares y computadores y llamaban simultáneamente a toda la región, así funcionó.
Estuvo un tiempo funcionando en el Liceo Comercial, en el auditorio de la Seremi de Salud, en Inacapy también en el Cerro la Cruz", recuerda el médico. 231 tarios colapsaban bajo el peso de la enfermedad. Las vacunas, nuestra luz de esperanza, se proyectaban en plazos no menores de seis meses tiempo que parecía una eternidad cuando cada día traía más contagios, más sufrimiento, más muertes. El número de fallecidos crecía inexorablemente, día a día, hora a hora. El mundo estaba cambiando ante nuestros ojos, transformándose en un escenario de incertidumbre absoluta. Una nueva dinámica, oscura y aterradora, nos tendría confinados mucho más tiempo del que originalmente habíamos pensado.
Pero en medio de esa oscuridad, nuestras gentes encontraron luces de esperanza: en el sacrificio de los trabajadores de la salud, en la solidaridad de hermanos, en actos cotidianos de heroísmo que nunca serán completamente narrados. La pandemia no daba tregua, pero tampoco la dieron quienes se enfrentaron a ella con todo su corazón.
UNA PANDEMIA QUE NO DABA TREGUA A nivel mundial, las cifras eran devastadoras y alarmantes: en algunos países, los sistemas sani-. UNA PANDEMIA QUE NO DABA TREGUA A nivel mundial, las cifras eran devastadoras y alarmantes: en algunos países, los sistemas sani-