Autor: ROBERTO CAREAGA C.
Leonardo Padura, desde Cuba: “Cada vez es más difícil hacerse una idea del futuro”
Leonardo Padura, desde Cuba: “Cada vez es más difícil hacerse una idea del futuro” “¿ T e imaginas cómo se va a poner esto, men?”, le pregunta un amigo al detective Mario Conde, que de pronto, después de muchos años cargando amarguras y decepciones, está inesperadamente expectante ante el futuro. Corre el año 2016 y Cuba parece que podría ser otra. En unos días, en La Habana aterrizará el presidente de Estados Unidos Barack Obama cerrando un distanciamiento brutal que llevaba casi 60 años.
No llega solo, trae una serie de símbolos de capitalismo y la democracia: un concierto de The Rolling Stones, un desfile de moda de la firma Chanel y hasta el rodaje de una película de la serie de acción “Rápido y furioso”. “La extraña primavera cubana de 2016”, piensa Conde en la novela Personas decentes, en la que el escritor Leonardo Padura (La Habana 1955) retrató el ánimo de su país en esos días históricos. “Algo estaba ocurriendo, algo que deseaba ocurrir, y La Habana poco a poco dejaba de parecerse a La Habana. O, se rectificó el Conde, la urbe empezaba a sentirse más cerca de lo mejor que podía llegar a ser La Habana”, se lee a poco andar en la novela Personas decentes. Poco después, Padura añade: “Se percibía como un aura benéfica que se palpaba en el aire. Tal vez un estado de júbilo, de esperanzas, un ambiente de cambios o al menos de deseos de cambios, una necesidad de volver a tener la posibilidad de soñar, luego de tantos desvelos.
Luego de largos años de más carencias y extravíos de perspectivas, otra vez las expectativas se ponían en movimiento, se engendraban propósitos, y el personal, tan esquilmado, quería creer”. Publicada en 2022, Personas decentes es la última novela de Padura de su serie de policiales protagonizada por Mario Conde. En ese episodio, el detective le prestaba una ayuda a la policía que, sobrepasada por las visitas internacionales, no podía investigar bien un asesinato. El muerto es un antiguo funcionario del castrismo, un censor que cuidaba que los artistas no discreparan de la Revolución cubana. Le sobraban enemigos. Siguiendo a ese personaje, Padura reproducía un sistema ya clásico de sus novelas: retratar los laberintos políticos y privados de la sociedad cubana de las últimas décadas. La visita de Obama y de The Rolling Stones inevitablemente tenía que figurar en alguno de sus libros. Es la foto de una época.
“Los días de esos años, 2015,2016, parecen remotos y, por supuesto, creo que fue una oportunidad mal aprovechada por el gobierno cubano que temió hacer grandes cambios, pero que todo el proceso posible fue cerrado por la llegada de Trump al poder en 2017”, dice Padura en un correo electrónico desde La Habana, mientras la historia da un nuevo golpe de timón: en medio de una las crisis económicas y políticas más profundas, Cuba se ha visto forzada a establecer un diálogo con Estados Unidos para realizar cambios a su sistema de gobierno y enmendar la ruta socialista. Es el fruto de una presión estadounidense de décadas, pero también del desgaste total de la revolución liderada por Fidel Castro. Por ahora, no hay resoluciones y cambios en camino. Lo que hay es una crisis en desarrollo, acaso la materia más básica con la cual ha trabajado Padura en sus casi 40 años de carrera literaria.
“Pretendo que mis novelas sean como una crónica de la vida cubana y de mi generación”, dice Padura, insistiendo en una idea muy evidente en sus libros: entre casos policiales de toda índole, el paisaje social cubano ajado por la pobreza se impone.
A veces, no es tan contingente: en uno de sus libros más importantes, El hombre que amaba a los perros (2009), desanuda la trama internacional en la que fue asesinado el líder soviético Leon Trotski, en el exilio en México. Ahí Padura tiraba de una hebra del presente para regresar al pasado. También lo hace en su última novela, Morir en la arena, la historia de un hombre que sale de la cárcel tras una condena por haber matado a su padre. Es un paria, un veterano de la guerra de Angola, que ha abjurado demasiadas veces de la revolución. También es un peligro para su familia.
Publicada el año pasado, Morir en la arena será lanzada en Chile por el propio Padura, invitado a nuestro país por el ciclo La Ciudad y las Palabras, del Doctorado de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Facultad de Arquitectura de la UC, con apoyo de “El Mercurio”. Mañana presentará el libro acompañado por Emilio de la Cerda, subsecretario del Patrimonio del Ministerio de las Culturas. La cita es a las 18 horas en el auditorio del campus Lo Contador de la universidad, ubicada en El Comendador 1916, Providencia. El martes 5 Padura volverá al mismo espacio, a la misma hora, para dar la conferencia “Cómo escribir una novela”. Para asistir a las actividades es necesario inscribirse en el mail lvillarr@uc.cl. La cabrona distopía No es uno de los personajes centrales de Morir en la arena, pero su historia plasma el recorrido de sus protagonistas y quizás cualquier cubano nacido en los 50.
Se llama Pablo, bordea los 70 años y alguna vez tuvo por delante un futuro esperanzador: era un alumno brillante que a fines de los 60 el gobierno cubano envió a Moscú a estudiar ingeniería en energía atómica y volvió a La Habana para hacerse cargo de una central termonuclear que abastecería de energía a toda la isla. El proyecto nunca se llevó a cabo, Pablo se recicló como guía turístico de rusos que, tras el desplome de la Unión Soviética, terminó por decepcionarse de las ideas revolucionarias. Luego, su esposa ucraniana volvió a su país, porque en la Cuba de los 90 la pobreza era demasiada. Él se volvió alcohólico, intentó suicidarse.
“La Historia, la que lleva H mayúscula, me aplastó”, dice. ¿En Cuba la historia se ha ensañado con sus personajes? Para muchos cubanos, de mi generación, de la anterior y la posterior la relación con la Historia ha sido traumática. Supongo que en otros paíENTREVISTA Viene a Chile AELOREIVAJOCSICNARF ses con una estabilidad social y económica mayor, la gente puede vivir mucho más margen de la política y, por tanto, de la Historia.
En Cuba, donde todo es calificado de “histórico” un congreso, un discurso, un juego de béisbol, pues la Historia siempre está presente y, en el caso específico de gentes como estos personajes, de manera a veces dolorosa.
Porque en Cuba se desarrolló una revolución que cambió muchas cosas, que de inmediato despertó la hostilidad de Estados Unidos, que puso al país en una encrucijada de la Guerra Fría, etc., y todo eso, aunque parezcan grandes procesos, pues han influido en el desarrollo de las vidas individuales, a veces como piedras muy pesadas. Una de las ideas que recorren la novela “Morir en la arena” es la del destino. Los personajes no pueden detenerlo y, casi siempre, termina arrasándolos. ¿Ese fue el tema que guio al escribir esta novela? No.
Pero no podía dejar de estar cuando se intenta bosquejar un proceso vital en el que hay causas y consecuencias que vienen de una decisión personal, pero también motivadas por un contexto social sobre el cual no tienen capacidad ni posibilidad de actuar. Y eso, cuando lo miras en la relación de lo que esperabas y lo que lograste, puede ser el destino. Por otro lado, el destino es una cuestión altamente literaria y hubiera sido estúpido no contemplarlo en la construcción de la vida de esos personajes.
Las informaciones de los últimos meses hablan de que hoy Cuba atraviesa una crisis muy severa, quizás tanto como en el llamado Período Especial de inicios de los 90. ¿Cómo vive este momento en su cotidianidad? Lo vivo como siempre: trabajando. Así lo viví en los años 90, cuando escribí como un loco para no volverme loco.
Ahora mismo estoy casi cerrando un libro de ensayos sobre el carácter de la novela y las estrategias para su escritura, y he comenzado otra nueva novela, en la que estoy muy al principio y, por tanto, con más incertidumbres que certezas.
Fuera la realidad es muy compleja, pues no solo es una cuestión de crisis económica, sino que implica reacciones sociales y políticas y hasta peligros militares, pues todo puede ocurrir con el vecino de enfrente, tan desquiciado e imperialista como ha demostrado ser.
Y ¿ de qué manera la crisis actual ha afectado su escritura? No lo sé ¿ Me ha afectado? No, no lo sé Seguramente la afectará en un futuro, con la llegada o no de ciertos acontecimientos, pero lo que sigo y comento como periodista necesita tiempo para asentarse y ser materia novelesca, creo yo.
Mientras le escribo, el gobierno de Cuba ha reconocido que mantiene conversaciones con Estados Unidos y negociaciones para enfrentar el bloqueo que ha intensificado Trump a su país. ¿Cómo se toma ese diálogo, especialmente con Trump en el otro lado? Lo tomo con muchas dudas y muy poca información. Y pensando en lo difícil que será congeniar dos actitudes o posiciones tan arraigadas: del lado de acá, la soberanía y el sostenimiento del sistema; del lado de allá, la exigencia de cambios drásticos.
Y creo que Cuba necesita muchos, muchos cambios para mejorar la vida de sus ciudadanos, pero me parece muy lamentable que se hagan algunos o muchos de esos cambios porque alguien desde fuera te lo exige para no cortarte el cuello. Yo, por ejemplo, podría exigir al gobierno de Estados Unidos que controle la venta de armas de fuego, pues con ellas ocurren masacres como la de los ocho niños asesinados hace unos días. Y seguramente Trump diría que ese es su problema, de su país, y yo no tengo derecho a exigirle que haga algo.
Es parte de una generación que vivió el despliegue de la Revolución cubana, pero también su decadencia. ¿Valora hoy la idea de la revolución? ¿ Cree que tiene arraigo en la sociedad cubana? Creo que cuando se institucionaliza, como en Cuba, una revolución deja de serlo. Y en nuestro caso el inmovilismo de muchas estructuras “revolucionarias” ha provocado las dolorosas situaciones que hoy se viven, con una economía disfuncional y una sociedad cada vez más empobrecida y menos igualitaria. Hoy Cuba debería revolucionar muchas más cosas, no solo cambiar afeites, sino ir a la esencia de los problemas y cambiar sus causas para traer otras consecuencias. El ámbito literario, y en general de las libertades artísticas, ¿cómo viven este momento de incertidumbre? No puedo hablar por otros. En mi caso la incertidumbre es muy grande, porque es una incertidumbre global tremenda. Y eso incluye desde el destino de mi país hasta la ruta de un vuelo aéreo.
Todo se ha complicado y cada vez es más difícil hacerse una idea del futuro, incluso el más próximo. ¿Sus novelas circulan en Cuba? ¿ En algún momento ha sentido algún tipo de presión oficial por los temas de sus libros o declaraciones? Las últimas cuatro no se han publicado en Cuba, las anteriores sí.
Pero circulan copias piratas, sobre todo digitales, algunas pequeñas ediciones alternativas, y libros que la gente trae de fuera o piden que se los traigan, y por eso creo que tengo muchos lectores en mi país.
Y, respecto a mi trabajo como novelista y periodista, no, no siento una presión directa, solo existe en el hecho de que mi figura pública no existe en los medios oficiales del país, que son todos propiedad del Estado.
“Tú que eres un escritor puedes darte un banquete, esta es una cabrona distopía”, le dice un personaje al protagonista de “Morir en la arena”. ¿Es una realidad en su caso? ¿ Vale toda la pena tener estos materiales para escribir una buena novela? Para escribir una buena novela hace falta algo más que buenos materiales, ya lo sabes. La mejor historia se jode en manos de un escritor mediocre.
Lo que sí creo es que esta “distopía” me ha dado materia para escribir quince novelas y empezar a escribir otra más, y creo que eso no es poco, ¿verdad? Si son buenas novelas o no, me lo deben decir otros.
Respecto a mi trabajo como novelista y periodista, no siento una presión directa, solo existe en el hecho de que mi figura pública no existe en los medios oficiales del país, que son todos propiedad del Estado”. Tomo el diálogo con Estados Unidos con muchas dudas y muy poca información.
Creo que Cuba necesita muchos, muchos cambios para mejorar la vida de sus ciudadanos, pero me parece muy lamentable que se hagan algunos o muchos de esos cambios porque alguien desde fuera te lo exige para no cortarte el cuello”. LEONARDO PADURA EN CICLO LA CIUDAD Y LAS PALABRAS LUNES 4. Lanzamiento de “Morir en la arena”. Presentará el libro el autor acompañado por Emilio de la Cerda. 18 horas en el auditorio del campus UC Lo Contador, en El Comendador 1916, Providencia. MARTES 5. En el mismo espacio a las 18 horas dictará conferencia “Cómo escribir una novela”. Para asistir a las actividades es necesario inscribirse en el mail lvillarr@uc.cl. En medio de una de las crisis más profundas que vive la isla, el novelista aborda las dificultades e incertidumbres en el diálogo que se ha abierto entre Estados Unidos y Cuba. Algo sabe del tema, pues lleva 40 años escribiendo un retrato de su país marcado por la decadencia de la Revolución cubana. La decepción de su generación también está en su última novela, “Morir en la arena”, que presentará en Santiago mañana, invitado por el ciclo La Ciudad y las Palabras.
Autor: ROBERTO CAREAGA C.. ‘‘Respecto a mi trabajo como novelista y periodista, no siento una presión directa, solo existe en el hecho de que mi figura pública no existe en los medios oficiales del país, que son todos propiedad del Estado”. ‘‘Tomo el diálogo con Estados Unidos con muchas dudas y muy poca información.
Creo que Cuba necesita muchos, muchos cambios para mejorar la vida de sus ciudadanos, pero me parece muy lamentable que se hagan algunos o muchos de esos cambios porque alguien desde fuera te lo exige para no cortarte el cuello”. LEONARDO PADURA EN CICLO LA CIUDAD Y LAS PALABRAS LUNES 4. Lanzamiento de “Morir en la arena”. Presentará el libro el autor acompañado por Emilio de la Cerda. 18 horas en el auditorio del campus UC Lo Contador, en El Comendador 1916, Providencia. MARTES 5. En el mismo espacio a las 18 horas dictará conferencia “Cómo escribir una novela”. Para asistir a las actividades es necesario inscribirse en el mail lvillarr@uc.cl. En medio de una de las crisis más profundas que vive la isla, el novelista aborda las dificultades e incertidumbres en el diálogo que se ha abierto entre Estados Unidos y Cuba. Algo sabe del tema, pues lleva 40 años escribiendo un retrato de su país marcado por la decadencia de la Revolución cubana. La decepción de su generación también está en su última novela, “Morir en la arena”, que presentará en Santiago mañana, invitado por el ciclo La Ciudad y las Palabras.