"Me parece arrogante pensar que yo tengo la mejor respuesta"
"Me parece arrogante pensar que yo tengo la mejor respuesta" CRISTÓBAL BELLOLIO: "Me parece arrogante pensar que yo tengo la mejor respuesta" --Durante sus estudios de posgrado vivió en Londres, ¿qué le sorprendió más de la cultura londinense? --Sorprender es un verbo excesivo. Diría que admiré su cultura de urbanidad y buenos modales, el sencillo arte de hacer las cosas bien con sobriedad. En lo intelectual noté un contraste con nuestra idiosincrasia: la práctica de discutir sobre el texto, sobre las ideas, y no sobre las personas. Lo que no admiré, en cambio, fue su déficit de sociabilidad, la que solo fluye con alcohol.
Nunca me había sentido tan latino como en Londres. --Tiene dos hijos, ¿la paternidad alguna vez le ha hecho cambiar de opinión? --La paternidad me ha hecho redefinir muchas cosas, entre ellas la domesticación de un cierto impulso temerario, irreverente e incluso autodestructivo. Antes no le rendía cuentas a nadie. Ahora tengo un hilo invisible que me vincula al mundo y me responsabiliza frente al futuro y especialmente me expone al juicio de mis hijos.
Yo maduré muy tarde, y quizás tenga que ver con que tuve hijos tarde. --Qué es más difícil, ¿formular una pregunta o pensar en una respuesta? --Les tengo más miedo a las respuestas que a las preguntas. No porque hacer preguntas sea fácil. Identificar la pregunta adecuada, pertinente, crucial, es difícil. Pero creer que uno tiene la respuesta a esa pregunta me parece de una osadía tremenda. A veces parece que no me mojo el potito y solo expongo las diversas aristas de un problema o describo las distintas posiciones, de tal forma que es imposible saber qué pienso. Yo defiendo ese método medio socrático.
Hay gente tan inteligente en el mundo, y a veces con conocimiento mucho más acabado que el mío, que me parece arrogante pensar que yo tengo la mejor respuesta. --¿ Cuál es el souvenir más extraño que ha comprado? --Hubo una época en que el SAG no era tan quisquilloso y me traje varios animales embalsamados. Un tiburón de República Dominicana, una tortuga de Honduras, una cobra de Vietnam y hasta una gaviota envuelta en papel higiénico de la Isla Flotante de Los Uros en el Titicaca boliviano.
Ahora me conformo con souvenirs políticos: un muñeco boxeador de Yasser Arafat, un retrato de Kemal Atatürk, un peluche de AMLO, un cintillo de Erdogan, un vaso plástico de Bolsonaro, una figurita de Obama, un jockey de Chávez. --¿ Un placer culposo que pueda revelar? --Diría que el reguetón es un placer culpable, pero solo en la medida en que mi círculo --educado en el grunge y el heavy metal-lo desprecia.
Suena raro decir que Bad Bunny es un placer culpable cuando hace diez años es el artista latino más relevante del planeta, o sea, es absolutamente mainstream. ¿Puede ser placer culpable un gusto mainstream? Quizás no haya contradicción. --En una discusión, ¿prefiere el desacuerdo o el consenso? --Busco el consenso, aunque reconozco que no siempre es posible. El consenso nace de un esfuerzo de las partes para identificar un mínimo común. Solo si lo buscamos de buena fe, deliberando como iguales, y no lo encontramos, podemos pasar a la siguiente fase: identificar cuáles son nuestros desacuerdos. Si no hay consenso, que al menos haya acuerdo respecto de aquello en lo que no estamos de acuerdo.
A veces nuestros desacuerdos son conceptuales --usamos los conceptos de forma distinta--, a veces son fácticos --atendemos a distintas versiones de los hechos-y otras veces son normativos --discrepamos sobre lo que debemos o no hacer--. Saber de qué tipo son nuestros desacuerdos nos permite lidiar más honesta y productivamente con ellos. --La clave para entender la política es.. . --Que nuestras posiciones son legítimamente ideológicas. Es decir, nuestra mirada sobre los problemas públicos está mediada por una cierta estructura previa de ideas que nos condicionan inadvertidamente. Y no solo de ideas, sino también de afectos e intereses creados. Desafiar a la tribu es emocionalmente costoso, y por tanto, el incentivo racional es alinearse. Esto les afecta a todos, izquierdas y derechas por igual. El que cree que la derecha es más inteligente que la izquierda o que la izquierda es más honesta que la derecha no entiende mucho de política.
Ambos responden a sentimientos afincados en el corazón humano, y hay veces que el péndulo se mueve más hacia un lado y veces que se mueve más hacia el otro, pero no hay una verdad monolítica y excluyente sobre cómo debemos vivir en sociedad. n Abogado, doctor en Filosofía Política y profesor de la Escuela de Gobierno de la UAI. RODRIGO VALDÉS Distancia social POR PRIYA VASWANI B..