COLUMNAS DE OPINIÓN: El Estado como esperanza
COLUMNAS DE OPINIÓN: El Estado como esperanza LE MONDE diplornatique agosto 2025 1 s Frente al retroceso en derechos sociales El Estado como esperanza por Leslie Rauld Olave* En En América Latina yen Chile, lo público público está nuevamente en disputa. Pero esta vez, el embate no viene solo desde la tecnocracia o desde el mercado, sino desde un proyecto político que, sin pudor, busca desmantelar los derechos derechos sociales conquistados en democracia. En nombre de una libertad individualista y hostil al bien común, resurgen con fuerza discursos que reducen al Estado a una amenaza, amenaza, una maquinaria burocrática que habría habría que achicar hasta hacerlo desaparecer. Y con él, por cierto, se pretende arrasar tu nibién nibién con la educación pública, la salud universal, universal, las pensiones solidarias, los sistemas de cuidados, las políticas de vivienda y de igualdad de género. Todo lo que huela ajusticia ajusticia redistrihutiva parece ser sospechoso de “wokismo” o de conspiración progresista. Pero conviene detenerse. Porque lo que está está en juego no es solo el tamaño del Estado, sino sino el ti pode sociedad que queremos construir. Defender lo público no es resistir por nostalgia ni por romanticismo estatalista. Es comprender comprender que los derechos sociales no se garantizan desde el mercado ni desde la caridad, sino desde desde instituciones capaces deasegurar dignidad, redistribución yjusticia. Y que el Estado, lejos de ser un aparato ajenoa laciudadania, es tina conquista política que debe ser democratizada, democratizada, nodemonizada. Demolición En este contexto vale la pena volver la niiradaa procesos más estructurales.
En El estado de las reformas del Estado en América Latina, Edu ardo ardo Lora describe cómo las transformaciones institucionales en la región durante las últimas décadas respondieron a una “revolución silenciosa” silenciosa” motivada, en gran parte, por la crisis de legitimidad del viejo Estadodesarrollista. Elgiro Elgiro reformista de los años noventa, lejos de constituir constituir una simple modernización adniinistrativa, adniinistrativa, implicó una redefinición profunda del rol estatal, anclada en el paradigma neoliberal del Consenso de Washington. Se estabilizó la economia, economia, sí; pero también se redujo la acción estatal estatal a lo mm im asegurar el orden macroeconómico macroeconómico y dejar que el mercado liicierael resto. El problema es que esa promesa nunca se cumplió. La apertura comercial y la disciplina fiscal no se tradujeron en bienestar colectivo. Los indicadores sociales lo confirman: desigualdad desigualdad persistente, precarización del trabajo, trabajo, feminización dela pohrezay servicios póbI póbI icos debilitados. Las reformas de segunda generación, aquellas que pretendían mejorar capacidades fiscales, judiciales y ad niinistrativas, niinistrativas, llegaron tarde o fueron insuficientes para para revertiresa herencia. Como señala el propio Lora, la “profesionalización de laburocracia” no garantizó, porsí sola, una mejora sustantiva cola calidad de los servicios ni cii la confianza ciudadanaen las instituciones. Y cuando e1 Esrado se vuelve incapaz de proteger derechos, loquequedaesel sálvesequien pueda. l-loyenfrentamosun momentodedefinición. Frente a una derecha que avanza con fuerza, proponiendo la demolición del Estado en nomhrcdeuna nomhrcdeuna libertad sin derechos, necesitamos recuperar recuperar lo público como horizonte civilizatorio.
Porque lopúhliconoessolo unaestructura institucional; institucional; es también unaéticadelocomún, una forma de organizar la vida en sociedad donde el hicnestardcunasy otros no dependa del niercado niercado ni de la herencia Es, en definitiva, la posibiLidad posibiLidad concretadequelaeducación nodependade donde naciste, que lasalud no sea un lujo yque la vejez no sea una condena. Pero defender lo público exige ir más allá de su mera conservación. Implica transformarlo. Democratizarlo. Hacerlo más justo, más eficiente, eficiente, más participativo. Incorporar con fuerza fuerza la perspectiva de género, porque sabemos que sin políticas de cuidado y sin autonomía económica para las mujeres no hay justicia real. Hacerlo más territorial, porque la equidad no puede seguir pensándose desde el centro hacia hacia las periferias. Yniás interseccional, porque las desigualdades no se acumulan por azar, sino porestructurasquc hay queenfrentar con políticas políticas integrales. Resistir La experiencia latinoamericana nos liamostrado liamostrado que el Estado puede ser parte del problema, pero también parte fundamental de la solución. No idealizamos al Estado, pero silo consideramos un campo en disputa, un espacio espacio desde donde se pueden construir políticas transformadoras. La alternativa no puede ser la indiferenciao la privatización detodo lo colectivo. colectivo. El dehilitamientode lo público deja a millones de personas sobre todo mujeres, disidencias, pueblos originarios, niñeces y vejez vejez a merced de la desigualdad estructural.
Por eso, este es un momento para tooiar posición, más alla de una trinchera partidista, partidista, sino más bien desde la conciencia ética y política de que hay derechos que no pueden seguir siendo moneda de cambio ni estar al arbitrio de quien gobierne. Porque los derechos derechos sociales no son favores. Son conquistas. Y como toda conquista, pueden perderse si nose defienden. La tarea es doble: resistir los retrocesos, pero también imaginar un Estado que no solo solo administre, sino que transforme. Un Estado que garantice derechos, si, pero que también repare desiguaLdades, reconozca diferencias y promueva vidas dignas.
Un Estado que no se limite a funcionar, sino que tenga sentido para quienes lo habitan, Esa es, quizás, la gran batalla batalla de nuestro tiempo: que lo público vuel va a importar. 1 Socióloga, especialista en Género y Politicas Púbricas..