Autor: Felipe Barrientos Vega
Cartas: EL "PLACER" DE VIAJAR
Cartas: EL "PLACER" DE VIAJAR CARTAS AL DIRECTOR Señor Director: Para los habitantes de Magallanes, el alto costo de los pasajes aéreos no es un problema coyuntural ni una molestia ocasional: es una realidad permanente que condiciona la vida cotidiana, limita derechos básicos y profundiza el aislamiento de la región más austral del país. Viajar desde o hacia Magallanes sigue siendo, en muchos casos, un privilegio y no una posibilidad real para la mayoría de sus habitantes. Salir de vacaciones, visitar a familiares, acceder a tratamientos médicos o enfrentar una emergencia implica, casi siempre, desembolsos que superan con creces el presupuesto de una familia promedio. No es extraño que un pasaje ida y vuelta desde Punta Arenas a Santiago cueste más que un viaje internacional, incluso con meses de anticipación. Esta situación resulta insostenible e injusta para una región que forma parte integral del territorio nacional. Lo más preocupante es que este problema ha sido diagnosticado, discutido y prometido resolver por años, sin cambios estructurales visibles.
Se anuncian estudios, mesas de trabajo y eventuales incentivos, pero en la práctica los precios siguen siendo prohibitivos y el mercado continúa operando con una lógica que no considera la realidad territorial ni social de Magallanes. El Estado no puede seguir abordando el transporte aéreo en zonas extremas solo desde una perspectiva comercial. Para regiones aisladas, la conectividad aérea es un servicio esencial, comparable al acceso a la salud, la educación o la energía. Cuando los pasajes se vuelven inaccesibles, se restringe de facto la movilidad de miles de personas, generando una desigualdad que no se vive en otras zonas del país. Magallanes no pide privilegios, sino equidad. Mientras no exista una política clara y permanente que garantice precios razonables, mecanismos de regulación o subsidios efectivos, el discurso de integración territorial seguirá siendo solo una consigna. Para los magallánicos, el cielo no es el límite: es una barrera económica que, hasta hoy, nadie ha querido derribar. ENVIAR A: editor@elpinguino.com Autor: Felipe Barrientos Vega. ENVIAR A: editor@elpinguino.com