Editorial: Resultados PAES: El espejismo del éxito individual frente al abandono estructural
Editorial: Resultados PAES: El espejismo del éxito individual frente al abandono estructural La entrega de los resultados de la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) vuelve a poner sobre la mesa una realidad que, tras los festejos individuales, esconde una fractura social y territorial profunda.
Si bien la región de Aysén celebra hoy el hito de una joven de Chile Chico que alcanzó un puntaje nacional de 1.000 puntos en Matemáticas, este logro excepcional no debe cegarnos ante la persistente brecha de desigualdad que define a la educación chilena. El éxito de Catalina Mera, quien gracias a su puntaje podrá estudiar Medicina, es un testimonio de resiliencia personal, pero también una denuncia silenciosa. Para alcanzar este nivel de excelencia en una zona aislada, fue determinante el uso de un preuniversitario externo.
Esto revela una verdad incómoda: el sistema escolar regular, especialmente en los confines de la Patagonia, a menudo resulta insuficiente para que los estudiantes compitan en igualdad de condiciones con quienes habitan los grandes centros urbanos. Los datos nacionales, históricamente, confirman que los mejores puntajes se concentran en establecimientos particulares pagados de la Región Metropolitana, dejando a la educación pública y regional en una lucha asimétrica. La centralización sigue siendo la sombra que oscurece el talento en las zonas extremas. Es sintomático que, para cumplir su sueño profesional, una estudiante destacada de nuestra zona deba buscar refugio académico en la Universidad del Bío Bío. Este "éxodo" forzado es el resultado de décadas de olvido hacia las regiones aisladas, donde la oferta universitaria y la inversión en calidad educativa no logran equipararse a la capital.
El deseo de la estudiante de retornar a Coyhaique o Chile Chico para prestar servicios de salud es una aspiración noble que evidencia, precisamente, las carencias profesionales que sufren nuestras comunidades debido a la falta de políticas de descentralización efectivas. No podemos permitir que el mérito individual sea la única vía para superar las barreras geográficas y socioeconómicas. La educación en Chile no puede seguir siendo una carrera de obstáculos donde el punto de partida dependa de la ubicación geográfica o del acceso a educación privada complementaria.
Los resultados conocidos deben ser un llamado crítico a la acción: la calidad educativa no puede ser un privilegio centralizado, sino un derecho que alcance con la misma fuerza los rincones más remotos de nuestra región..