El bandido, la beata y la locomotora
El bandido, la beata y la locomotora 8. MILITAR CARTA TOMO 4 1900-1950 cca PRED 4 fuera llueve. Y hay libros que se leen y libros que se habitan. Los primeros enA tran por los ojos; los segundos, en cambio, lo invitana uno a recorrer sus calles, a sentarse en sus plazas, a mirar por sus ventanas. El libro que hoy nos convoca pertenece, sin duda, a esta segunda estirpe.
Tengo entre mis manos el Tomo3 de la Historia General de Quillota de don Roberto Silva Bijit, una obra que abarca los años 1840 a 1865, ese cuarto de siglo que el propio autor describe como "el período de cambio más grande de la historia de Quillota". Un libro que, como bien dijo de los tomos anteriores el académico Joaquín Fermandois, presidente de la Academia Chilena de Historia, "no es un libro: es un cuadro". Y la metáfora es justa. Porque al abrir estas páginas uno no encuentra una cronología fría, ni el desfile rígido de fechas que tantas veces ha sabido espantar lectores de la historia local.
Lo que enSIGLO XX 3 2 cuentra es un fresco -en el sentido más renacentista del término, un mural donde caben la procesión y la chingana, la Beatita y el bandolero, el cura y elingeniero, el carretero que paga peaje en Valparaíso y el primer fotógrafo francés que retrata la plaza. Permitanme detenerme un momento en el epígrafe con que Roberto inaugura este tomo.
Es de Chesterton, y dice así: "No es que la gente quiera a las ciudades porque son bellas, sino que las ciudades son bellas cuando la gente las quiere". Difícilmente podría haberse elegido una cita más exacta para definir el espíritu de la obra. Porque este libro, antes que un trabajo erudito -que lo es, y mucho-, es ante todo un acto de amor por una ciudad. Hablemos del autor, brevemente, porque sin él no se entiende el libro. Roberto Silva Biji con justicia podríamos llamar un cronista total. Fundó El ObservaTOMO 41900-198 dor a los 21 años, y ahí sigue, más decinco décadas después, sosteniendo un periódico regional en tiempos donde la prensa local es prácticamente una especie en vías de extinción. Pero además, y esto es lo extraordinario, decidió emprender la tarea -monumentalde escribir la historia completa de su ciudad en diez o más tomos, desde el año 40.000 antes de Cristo hasta el 2025. Solo Heródoto, supongo, y don Diego Barros Arana habrían aprobado semejante ambición. Este es el tercer volumen de esa empresa.
Y abarca, comodecía, los años en que Quillota deja de ser definitivamente una villa colonial para asomarse, casi a empujones, a la modernidad. ¿De qué trata, concretamente, este libro? El propio Roberto lo resume en tres grandes ejes. El primero: la vida cotidiana de Quillota a mediados del siglo XIX. Y aquí es donde la obra se vuelve, francamente, deliciosa. HISTORIA DE QUILLOTA GENERAL TOMD ! Porque uno descubre cosas como estas: Que en 1852 las autoridades decidieron combatir la plaga de perros vagos-agárrenseenvenenándolos con estricnina en plena calle. Higiene urbana, le decían.
Que ese mismo año llegaron a Quillota los famosos culíes chinos, trabajadores contratados que dejarían huella en nuestras procesiones -los "bailes chinos" del Carmen tienen una historia más larga delo que muchos imaginan -. Que el primer revólver que se disparó en Chile lo hicieron unos cowboys norteamericanos cerca de Concón Alto, en 1853, según testimonio del mismísimo Benjamín Vicuña Mackenna. Y que, como en las mejores películas, los bandoleros terminaron en la penitenciaría.
Ymifavorita-porque tiene algo de Borges y mucho de García Márquez -: descubrirán ustedes que dos plagiadores, que después llegaron a ser diputados, se inventaron que el bandido mexicano Joaquín Murieta era en realidad chileno y quillotano. El embuste prosperó tanto que llegó hasta Pablo Neruda, quien lo inmortalizó en Fulgor y muerte de Joaquín Murieta. La verdad, como suele ocurrir, es siempre menos rentable que la leyenda.
El segundo eje del libro es la figura sobrecogedora de la Beatita Benavides, María del Carmen, esa mujer que Roberto llama con una expresión que me parece preciosa"una santa ciudadana". Una santa de todos, no sólo de los católicos.
Elautor entrega aquí -son sus palabras"una completa biografía sin censura". Y lo digo con respeto: hay que tener valentía para narrar, en el siglo XXI, los testimonios de quienes la vieron volar de rodillas para recibir la comunión, atravesando la iglesia "como un rayo que cruza el vacío". Roberto no se esconde: ofrece los documentos, los nombres, las fechas, y deja al lector la libertad de creer o no creer. Es lo que Marc Bloch llamaba la honestidad del historiador: no escamotear los hechos para acomodarlos al gusto de la época. De su muerte, conviene recordarlo, nació el Hospital de Quillota. La caridad hecha institución. El tercer eje -y aquí está, a mi juicio, el corazón del libroes la llegada del ferrocarril. Hay una frase de Roberto que vale por todo un capítulo. Dice: "Hay dos Quillotas: una antes del ferrocarril y otra después del ferrocarril. La primera es colonial; la segunda, moderna. La primera es apacible; la segunda, convulsionada". El humo de la locomotora a vapor fue, literalmente, el humo que disipó tres siglos de virreinato.
Y con el tren llegó todo lo demás: la plaza con sus cuatro estatuas de mármol traídas desde París-las cuatro estaciones-, los árboles desde la Quinta Normal, el alumbrado, el correo diario, los hoteles, los clubes, el teatro municipal, y por supuesto-cómo nolos primeros periódicos. Quillota descubrió que podía ser europea sin dejar de ser quillotana. Este libro tiene una virtud que me parece cada vez más rara: enseña a mirar lo pequeño con respeto.
En un país obsesionado con Santiago, donde toda historia parece tener que pasar por La Moneda para volverse legítima, Roberto Silva Bijit nos recuerda algo que sabían muy bien los antiguos: que en cada provincia hay también un país entero. Que las cuarenta y nueve manzanas de Quillota son, a su modo, el universo. Cicerón decía que historia magistra vitae -la historia es la maestra de la vida -. Pero quizás Roberto nos enseña algo aún más entrañable: que la historia local es la maestra de la pertenencia. Saber de dónde venimos para saber, por fin, dónde diablos estamos parados. Quedan al menos siete tomos por delante. Y conociendo la tenacidad del autor, no me cabe duda de que los veremos llegar uno por uno, como las locomotoras de 1857, soltando humo y cambiándolo todo a su paso. Querido Roberto: gracias por este regalo a la ciudad, la región yel país. Y a ustedes, entrañables lectores, los invito a abrir este libro y dejarse, simplemente, habitarlo. Y afuera, como ya sabrán, llueve. Será que es mayo. 03 POR CARLOS VERGARA EHRENBERG, DIRECTOR DE EL MERCURIO DE VALPARAÍSO. POR CARLOS VERGARA EHRENBERG, DIRECTOR DE EL MERCURIO DE VALPARAÍSO DIARIO EL OBSERVADOR